lunes, 20 de mayo de 2013

El presente de mi próxima novela


Avanza. De a poco, pero avanza.
Mi segunda novela, que ya superó los 9 meses de trabajo desde que cerré la idea del eje central de la historia, está cada vez más cerca de concretarse. La idea original es terminar el año con la presentación, pero esa es solo una estimación al segundo proyecto más importante de mi vida relacionado con la escritura.

Más allá de pocos  horarios para sentarse relajado a escribir, la novela se está formando en innumerables viajes en  colectivo. El 24 y el 105 son los que más tiempo me permiten volcar la historia en papel. La relectura para el posterior pasaje a la computadora se hace desear por la falta de tiempo. Estamos muy lejos de un mundo perfecto donde sea posible dejar de lado las responsabilidades para sobrevivir y crear nuestro futuro, pero el punto es sentir, al menos de a poco, que eso se está logrando.   

Muchos me están preguntando acerca del tema y el género. Me resulta complejo establecer uno solo. El que más se enfoca a la idea es el de ficción utópica. La historia se desarrolla en Buenos Aires, en un futuro lejano o quizás más cercano de lo que pensamos. La ciudad se ve envuelta en una imperiosa necesidad de supervivencia por parte de la población debido a una nueva e impensada ley en el mundo entero como consecuencia de la escasez de recursos.  Me surgen muchas ideas con respecto al tema, lo que me obliga a releer ciertos capítulos de una historia que recién está llegando a la mitad. La cantidad de personajes crece día a día, afirmando las relaciones entre ellos. 

El proyecto original tiene que ver con una trilogía que permita acercarnos un poco a lo que somos capaces de hacer cuando nuestra propia vida  está en juego. Quizás estamos muy seguros de que ciertas acciones y decisiones en el presente  nunca van a alcanzarnos en el futuro, cuando en realidad ya lo están haciendo mientras destruyen lo que tanto nos costó conseguir en el pasado. 

¿Estaremos a tiempo de abrir los ojos y cambiar para no llegar a ese utópico y peligroso futuro?  

viernes, 12 de abril de 2013

Una analogía de la escritura

La sensación es inevitable y nunca existe una pérdida de tiempo en la búsqueda. No importa dónde, cuándo ni el contexto o momento del día: escribir es un alivio. Un escape hacia una realidad que suele asimilarse con la verdad de quien elige las palabras. Un cable a tierra para darnos cuenta en que casillero de la vida estamos parados.
Si buscáramos una analogía quizás encontramos varias que puedan asemejarse con la escritura. Entre esas tantas, se me ocurre una que explica con simpleza el valor de crear un mundo, expresar un sentimiento, brindar una opinión o solo volcar palabras sin un destino predefinido.
La sonrisa en el medio del llanto de un chico al recibir un caramelo sin esperarlo. El instante donde el tiempo parece frenar de repente  y pintarse del color que define lo eterno, por el solo hecho de disfrutar el sabor de algo dulce de principio a fin sin sentirse defraudado ni desilusionado en el camino. El caramelo es único desde que hace su aparición hasta que cumple su objetivo. La magia se mantiene con cada uno que aparece de manera idéntica con la expresión: uno más. Podrá ser de diferente gusto, color o marca que el anterior, pero el paréntesis de felicidad se disfruta de manera similar o incluso mejor, dentro de esta especie de mundo si puede llamarse así. 
Esta analogía que quizás permite afirmar que “escribir es como disfrutar un caramelo”, resume exactamente la sensación que fluye mientras se desarrolla un texto. El poder que brinda una hoja en blanco no puede transmitirse, sino que es un arma personal que permite combatir de distintas maneras las responsabilidades, compromisos y horarios en la vida que nos toca todos los días. Es cómo definir una pasión, pero  claramente las pasiones no requieren de una explicación. Como tener una llave para abrir una única puerta hacia el mundo que deseamos o como esos ínfimos momentos de felicidad que sin dudas son mucho más escasos de lo que alguna vez nos contaron. Razones podemos encontrar muchísimas, pero el motivo por el cual buscarlas sería solo una excusa que nos haría perder tiempo para disfrutar el único fin: escribir.   

lunes, 4 de marzo de 2013

Palabras hacia donde quiera que estés

La verdad en estos momentos donde nadie puede encontrar palabras para expresar las infinitas sensaciones que nos rodean, voy a hacer el intento de hallarlas y compartirlas con la mayor sinceridad posible a través de lo que disfruto hacer: escribir. Quizás están demás y un simple silencio es suficiente como definición. O en cambio, al haber tanto para recordar, las palabras son necesarias para actuar como disparador. Por alguien que hizo tanto, que dejó tanto y creó tanta vida a su alrededor, es lo mínimo que se merece.

Duele. Muchísimo  Si supiéramos lo que pasaría mañana, seguramente actuaríamos diferente en algunas decisiones, pero todavía no tenemos ese poder así que necesitamos de los recuerdos. El jueves 28 de febrero de 2013 se convirtió en un día de esos que ya no vamos a olvidar. Un día de esos que implica un punto final en el mundo físico y el comienzo de la eternidad donde quiera que sigamos después de esto que llamamos vida. 
Te fuiste sin que nadie lo esperara, así de repente como cuando sacamos la vista un segundo de algo y al regresar ya no está a nuestro alcance. Nos toma por sorpresa ese instante de incertidumbre que hasta cerramos los ojos como si fuera más sencillo encontrar un recuerdo en la mente. Es inevitable pelear un rato con eso que alguien definió como destino. No hay nada que asegure su existencia, pero indefectiblemente aparece en puntos de inflexión del camino. Estoy seguro que no era tu momento aún y si el destino se enoja por enfrentarlo que muestre la cara de una vez por todas en lugar de volar alrededor de manera abstracta. ¿Por qué dicen que hay que ser valiente y enfrentar el destino si ni siquiera sabemos cómo es? Creo que alguien que no conocemos te regaló más fama de la que mereces. Me pasan demasiadas cosas por la cabeza mientras estoy escribiendo esto. Tristeza es la primera, creo que no hay otra manera más clara de tocarla, de sentir tanto como una mano imaginaria lastima el alma dejando una marca. Impotencia real es la segunda, al no poder hacer absolutamente nada para que vuelvas. Parece que esa frase que muchos repiten, es verdad: “De todo hay solución, menos de la muerte”. La tercera es enojo. No sé con quién y tampoco la idea es buscar a alguien específico, sino un enojo general ante algo tan inesperado. No voy a agregar la palabra vacío, porque me llenaste de tantas cosas positivas que sería injusto usarla. Tampoco voy a creer ni siquiera por un solo segundo que te diste por vencida debido a ciertas cosas del presente. Una operación para alargar la vida, terminó siendo quien te la arrebatase. En estos momentos donde no existen respuestas, se suma el intento de comprender el porque de lo que pareció una película y no la realidad misma. Yo me enteré después de que una mujer se iba a operar también cuando vos salieras del quirofano. Por una descompensación al escuchar todo lo que estaba pasando, terminó en terapia sin operarse. Al menos en este presente, sigue formando parte del mundo en que vivimos. ¿Salvaste una vida inconscientemente? Me pregunto además como cierta gente puede llamarse médico y no tener la profesionalidad y ética suficiente para dar la cara cuando más corresponde. La persona que te llevo durante meses y preparó para tu operación, desapareció del hospital cuando buscábamos respuestas, a pesar de que ya habías partido. 

Puedo seguir enumerando expresiones abstractas, preguntas o supuestos que me toman por sorpresa a mí y seguramente a todos los que me rodean, pero prefiero cambiar el rumbo de las palabras hacia la otra mitad de sensaciones. Tu sonrisa regalaba felicidad y creo que esa magia vive para siempre. Las personas que tuvieron el honor de conocerte, pueden simplemente cerrar los ojos y encontrarte muy fácilmente sonriendo. Si uno intenta buscar un recuerdo y de repente se encuentra con tantos para elegir, algo diferente quiere decir. Me acuerdo cuando dormía con Gaby y Mati en tu casa y venías a contar una historia, te gustaba inventar algunos detalles para hacernos reír. O tu necesidad de ofrecer mil veces en un segundo lo que sea para que todos se sientan a gusto en tu casa. Se que disfrutabas cada uno de mis llamados para preguntarte como estás y contarte de mi vida. Me llena muchísimo saber que tengo y tendré siempre el recuerdo intacto del abrazo que me diste cuando cumplí uno de mis sueños y publiqué mi primer libro. Ese día yo estaba hablando y llegaste más tarde por la lluvia torrencial que cubría Buenos Aires. “Ahí llegó mi abuela, un aplauso para ella” dije, y sonreíste tanto que iluminaste la sala mientras te acomodabas en tu lugar. Un lugar que ocupaste a la perfección desde el principio, tanto para mí como nieto mayor como para cada integrante de la increíble familia que formaste junto al zeide. Tu pareja de siempre, el amor de tu vida, de esa clase de amor que hoy ya no existe. Casi 54 años de casados de amor incondicional y puro. 
Todos, absolutamente todos, están llenos gracias a vos. Quién sabe si podes ver lo que estoy escribiendo, pero no importa porque estoy seguro que lo sabes mejor que nadie. Estás acá y seguirás estando siempre con nosotros. Lo que lograste a la perfección que ya nunca va a cambiar es que tus 9 nietos van a sonreír cada vez que recuerden, piensen o pronuncien la palabra abuela.

Gracias por cada segundo compartido de pura felicidad. 
No tenes una idea de lo que te voy a extrañar. 
Te quiero muchísimo babe. 

miércoles, 16 de enero de 2013

Cuenta regresiva


A veces se hace eterna, otras extendemos su duración solo para crearnos una imagen mental más cercana acerca del lugar al cual queremos llegar. Cuando empiezan, con tantos días por recorrer aún, quizás la tendencia es comparar la situación con el último tramo de una carrera, escalar una montaña o simplemente transitar un camino con una larga historia ya escrita. Cuando alcanzamos la mitad, nos damos cuenta de lo relativo que es el tiempo en cuanto a distancias y esperas. Ya en los días previos, aparece esa necesidad de alcanzar la fecha propuesta más allá del evento o hecho esperado. Y cuando el momento queda en el pasado, nos preguntamos cómo pudo haber terminado tan rápido. 

Las cuentas regresivas pueden implicar extremos desde una base clave para ciertos momentos donde ya no quedan energías o el pasaje a algo que ya no tiene vuelta atrás, como esa sensación al usar palabras que perduran para siempre por el daño que causaron. Vivimos rodeados de estas cuentas, muchas de ellas implícitas en nuestros actos rutinarios. Creamos mentalmente ese calendario donde tachamos los días para alcanzar el número que deseamos, el que marca un antes y un después.

Según el momento, el lugar donde nos encontramos, convertimos y valoramos al tiempo y a esa cuenta regresiva que nos parece más relevante según lo que necesitemos. Una gran mayoría  trabaja en espacios que no disfruta, obligados por un sistema capitalista que termina consumiendo casi todo el tiempo que tenemos, brindando escasos espacios para escapar. Por ello se crea una cuenta regresiva, por ejemplo, para las ansiadas vacaciones. Incuso durante el año, esperas más cortas con feriados largos que ayudan al menos a evitar lo inevitable.

Toman formas según la situación. Como si viviéramos con un reloj  tallado en el cielo que nos persigue  y nunca se detiene. Las mencionadas vacaciones son solo un ejemplo de una clase de cuenta regresiva, algunas positivas, otras neutrales en temas de color de la vida o las más peligrosas y negativas.  La llegada de fin de mes para cobrar un sueldo, el estreno de una película, los deportes que requieren de un reloj funcionando hacia atrás para llevarse adelante, esperar un número para ser atendidos, la nota de un final en la facultad, el hombre titilando con los segundos debajo antes de cruzar un semáforo, la dulce espera como se llama a un embarazo o hasta la sensación de vacío al recibir una noticia negativa de parte de un médico.

Los extremos hasta donde llegar dependen de cada uno y varían según la mente y el presente de nuestras vidas, pero siempre hay alguna cuenta regresiva que ahora mismo está  intentando alcanzar su destino. ¿Cuál es la tuya?

martes, 8 de enero de 2013

Mundos paralelos

Imaginen un mundo paralelo donde no existiera ninguna manera de medir el tiempo, donde ni siquiera exista el conocimiento de aquella palabra. ¿Seríamos más felices? ¿Intentaríamos hacer algo diferente a lo que hacemos todos los días? Solo seríamos conscientes de manejarnos con el día y la noche. Sin relojes, sin apuros por cumplir plazos laborales o personales. Simplemente dejándose llevar por lo que sigue a continuación en lugar de tener que mirar números que condicionan nuestras acciones.  

¿Apreciaríamos más la primera intuición? Quizás es la única forma de descubrir el verdadero significado de la libertad al pasar nuestras vidas marcadas en líneas temporales. Algo tan abstracto como lo es el tiempo, es a su vez lo que condiciona muchas decisiones.  

Un mundo donde no existe el no llegar, el dormir poco, la incertidumbre de caminar un rato (siendo un rato simplemente una mera semejanza al tiempo, al no tener sinónimos en dicho mundo), sin programaciones anticipadas, sin medir la edad de una persona para reconocer su sabiduría o madurez, entre algunos de los millones de ejemplos que podemos encontrar. 
El tiempo es solo uno de los puntos de abstracción en esa balanza imaginaria que nunca encuentra el equilibrio. Más que un mundo paralelo, sería una fantasía impensada. ¿Quien dijo que del otro lado del espejo cuando nos paramos frente a él, no existe otro mundo completamente distinto y esa persona idéntica a uno mismo se encuentra ante la misma pregunta?

La realidad es que plantear una idea de un mundo diferente donde hasta imaginarlo resulta complejo implica una visión casi imposible. Sin embargo el "casi" en esa oración convierte la opción en dependiente de cada uno. Sin dudas que hay cosas que están fuera de nuestro alcance, que por más "tiempo" que esperemos o volquemos, no van a cambiar. Por ello, cambiar el mundo donde estamos hacia el ideal es una utopía como Socrates hizo mención en "La Republica". Ese mundo ideal simplemente como un modelo al cual podemos aspirar, pero no alcanzar, un mundo de perfección (si es que existe algo perfecto).  Puede que entre todos, dentro de quien sabe cuanto tiempo (parece que esta palabra nos persigue), cambiemos ciertas cosas en el mundo que compartimos. En todos los demás, esos mundos paralelos, los que cada uno crea, busca, diseña o desea, no hay límites por cruzar.  La verdadera pregunta es: ¿Qué estás haciendo para cambiar tu propio mundo? 

jueves, 3 de enero de 2013

Viaje mental


Agua transparente. Sol en el medio de un cielo celeste sin ser opacado por una sola nube. 
Algún bote que de vez en cuando parte a solo metros de donde estoy sentado. 
Una reposera naranja, bajo una especie de palmera marrón como si fuera de paja. 
La arena de pequeñas piedritas se mezcla entre mis pies.
El viento ayuda a luchar contra el calor. 
Mirando hacia el horizonte no se ve más que un océano de tranquilidad. Alejado del mundo, una isla paradisíaca. Hacia la izquierda o derecha, montañas con caminos estrechos, hoteles construidos a medida, lanchas a lo lejos que pasan a toda velocidad. Aviones que cubren el cielo a punto de aterrizar. 
Gente de todas partes del mundo, idiomas que se mezclan. 
Una pequeña parte de Grecia, una isla de las tantas que hay en el mundo que nos da la pauta de como es un paraíso. Ahora con la diferencia que mis ojos pueden apreciarla, mis pies sentirla y mi mente grabar estas imágenes únicas para siempre. 
Mykonos

lunes, 31 de diciembre de 2012

Historia escrita y una nueva hoja en blanco para soñar

Tiempo de escuchar la palabra balance en repetidas oportunidades. Es lógico cada vez que se acerca el fin de un año y el comienzo de otro. Es extraño como a veces esperamos un ínfimo cambio de números en el calendario, pensando o deseando que varias cosas cambien con él.  Quizás deberíamos actuar o buscar lo que queremos en cualquier instante de esto que llamamos  vida, en lugar de esperar "renovar" las esperanzas basándose en el paso del tiempo.  Es cierto que algunas cosas nos marcan o transforman de un año a otro, siendo la marca temporal normal utilizada en el mundo. "El año que viene voy a..." es un buen ejercicio para analizar a futuro a través del valor de nuestras palabras, obviamente dicho a conciencia y no para ocultar o evadir situaciones que no ameritan aguardar más tiempo,
Cuando hoy levanten la copa para brindar con la gente que eligen tener a su lado, llegarán esas escenas donde viajamos hacia el pasado recordando personas que ya no están y que en su momento levantaron también sus copas juntos a nosotros. Ese instante agrega un nueva hoja en blanco para escribir nuestra propia historia. En una de las primeras que tenemos, suelen aparecer esos sueños, imágenes en la mente de algo hipotetico que termina definiendo una de las palabras más abstractas posibles como lo es la felicidad. Abstracto pero real a la vez. Sueños que nos hacen únicos, que nos recuerdan donde estamos y hacia donde vamos. Sin ellos, simplemente deambulamos en el tiempo. 
Aristoteles decía que el fin último del hombre debía ser la búsqueda de la felicidad. Esos 10 segundos antes de empezar a vivir el 2013, mira donde estás parado y valora ese espacio con quien estas, preguntandote en que parte de ese camino para buscarla te encontras. 
La vida tiene esos pequeños momentos que nos dejan disfrutar y conocer esa felicidad, donde sonreímos de verdad y no por compromiso. Cuando la balanza imaginaria se inclina hacia el espacio que esperamos y la sensación que deseamos. ¿Cumpliste sueños este año que se va? Si no fue así, es tiempo de alcanzarlos y si lo disfrutaste, como fue mi caso con la publicación de mi primera novela, es inevitable soñar con mucho más y no quedarse con lo que ya se hizo. 

Cambiará el calendario, un número en el año, pero la historia la escribe cada uno.
Disfruten lo que tienen y valoren a la gente que tienen al lado. 

¡Feliz 2013 para todos!