lunes, 14 de julio de 2014

El día después de la final

Lunes a la mañana después de haber jugado una final del mundo. Me tomo el 24 como todos los días. Hay caras largas, como si nos faltara algo que sentíamos nuestro. Ante la inmensidad de opiniones, criticas, comentarios, demostraciones de lo que somos como sociedad y sensaciones que recorren el cuerpo, la mente y el corazón, sentí la necesidad de escribir algunas palabras, a pesar de que tienen un peso especial mientras van apareciendo. 

Lo primero que me salió escribir ayer fue el hecho de que resulta sencillo criticar y echar culpas cuando no se alcanza el objetivo final, aún sabiendo que se hicieron las cosas bien. Somos una sociedad a la cual le gusta opinar de lo que sea, que se deja llevar por la situación sin medir las consecuencias, más allá de conocer o no el tema sobre el cual se está hablando. Los mundiales son un ejemplo claro de esto por el ambiente que se genera, las ilusiones que se renuevan y el sentimiento de unión que durante un mes tiene el poder de opacar otras noticias. Desde que empezamos a hablar del sorteo (sin dudas y sin desprestigiar rivales, quizás el más sencillo que le tocó a Argentina en los últimos tiempos) hasta la imagen de miradas perdidas de los jugadores esperando recibir su medalla de plata ayer. Una medalla que hacia rato no alcanzábamos. No se explica, sino que simplemente se siente. 

Apenas terminó el partido, todos empezamos a escribir y volcar sensaciones únicas y muy personales de lo que estábamos viviendo. Desde el lugar pasional desde el cual vivimos, más aún cuando se refiere a cosas como este deporte, nos resulta inevitable expresarnos. Soy de los que cree que del dolor se forman las personas, se saca lo mejor de uno mismo con el tiempo y se entiende hacia dónde se quiere llegar. Si solo fuéramos felices ni siquiera sabríamos lo que eso significa.  

El sueño de ser campeones del mundo ya suena enorme con solo escribirlo. Como escribí el viernes antes de jugar la final, ayer fue la primera que viví con verdadero uso de razón (tenía solo 5 años en la final del 90) y apenas fue la 5° que jugó Argentina en 84 años de historia de los mundiales. Los números a veces nos ayudan a entender la magnitud de algunos logros. 
Hablando estrictamente de lo fútbolistico, creo que se hicieron las cosas muy bien contra el mejor equipo del momento, que hace rato llegaba a semifinales y trabajaba para esto. Tuvimos las situaciones para sumar una nueva estrella, pero fallamos en ese toque final que a veces cambia la historia. Todos sentimos el golpe del gol a solo 6 minutos de terminar el segundo tiempo del alargue. Lo primero que se nos cruzó por la cabeza es nos robaron la ilusión y lo que parecía felicidad se transformó en tristeza. Gritamos el gol de Higuaín por la decisión de seguirlo por parte de quién manejaba las cámaras aún sabiendo que había parecido offside en el momento en el cual sale el pase. Sentimos el cansancio cuando terminaron los 90 y había que jugar otro alargue. Cuestionamos los cambios de Sabella. Buscamos entender cómo no terminaron en gol esas jugadas tan claras que en una final no se pueden fallar.

Y de repente, terminó. Como todas las cosas felices que vivimos durante nuestras vidas, se haya o no llegado al resultado deseado.  Mantuvimos la esperanza hasta la última pelota en el minuto 122 con un tiro libre al borde del área en la final del mundial. Ni el más optimista podría haber pronosticado la escena. Quienes no conocían a Mascherano, hoy saben lo que es. Quienes hablan de fracaso o critican a ciertos jugadores, respeto sus opiniones, pero no las comparto porque no todos los días se llega a una instancia así. El resultado final no borra lo que ya se escribió. Momentos como el que viví con mis hermanos en los penales con Holanda ya no se olvidan más y son de los que uno elige guardar. 

Vivimos en un país raro, diferente e inexplicable en muchos aspectos. Ayer a la noche canal 9 pasaba imágenes resumiendo el mundial, en Telefe cocinaban con MasterChef, en Tv Pública Maradona analizaba el partido y en Canal 13 parecía el fin del mundo con una escena repetida en el obelisco, que si pondrían imágenes de archivo sería lo mismo. Creo que el mayor problema es que aún no podemos reconocerlo, que nos parece tan normal que no logramos definir su magnitud. Podemos intentar analizarlo, pero siempre se llegará al peligroso límite del "somos así"; como si fuera terminantemente prohibido cruzarlo. 

Terminó el mundial. Terminó ese mes mágico, que tanto para los que amamos el fútbol como para los que no, resulta lleno de sensaciones y esperamos tanto durante 4 años. Nos costó 24 volver a alcanzarla, la jugamos, la vivimos y la sufrimos. Siento que ganamos mucho más de lo que perdimos en este día tan extraño, como lo fue durante el antes y como lo será de ahora en más. 
El día después de la final.

viernes, 11 de julio de 2014

"Estamos en la final"

"Estamos en la final" quizás fue una de las frases más repetidas entre nosotros, segundos después de que Maxi Rodriguez terminara de convertir en realidad el sueño de todos. Estamos exhaustos, como si hubiésemos jugado bajo la lluvia una semifinal de copa del mundo frente a Holanda. Nos miramos con quien tenemos a lado, después del abrazo incondicional y espontaneo  que nos genera el hecho de compartir esta pasión, esta felicidad que nos invade y que nos une a pesar de no existir palabras para explicarla; esa que solo sabemos que existe. 

Los corazones ya no vuelven a la normalidad sino que crean un espacio nuevo para guardar entre esos momentos que perdurarán para siempre; esos que uno arranca contando: "Te acordás cuando..." y ahí empieza la lista de imágenes, de secuencias, de escenas que nos llevaron a estar en el último escalón para alcanzar la gloria eterna. 
Corazones que se llenaron de expectativas, quizás en menor medida, en la previa del mundial.  
Corazones que empezaron a sentir donde estaban con el 2-1 a Bosnia, más allá de los cuestionamientos acerca del planteo utilizado ante un rival que vivió su debut mundialista. 
Corazones que estallaron  en un grito desaforado con el gol de Messi para quebrar la defensa de Irán en el epílogo del partido. 
Corazones que vivieron el ida y vuelta con Nigeria para terminar primeros en el grupo.  
Corazones que conocieron nuevos límites y desafíos con la definición de Di Maria a dos minutos de los penales ante Suiza y  esa jugada que pasó inadvertida en un comienzo, pero que nos asustó aún más en la repetición con el palo y el rebote en el jugador suizo. 
Corazones que recuperaron confianza en los primeros minutos de los cuartos de final frente a Bélgica con el gol del pipita Higuaín. 
Corazones que trabajaron mucho con Holanda en una instancia desconocida para muchos, donde el concepto de equipo más necesitaba. Desde el épico corte del capitán de este barco más allá de no tener la cinta, el inexplicable Mascherano, hasta las atajadas de Romero en los penales, como si nos dieran la posibilidad de revivir la alegría y la revolución que Goyco generó en el mundial de Italia 90. 

En el 86 solo tenía un año y no tengo recuerdos del 90, donde apenas tenía 5. Aparecen flashes del 94 y esa historia de la cual todos conocemos su final. Empezaba la secundaria en el 98 y esa desilusión que no dio a tiempo a reaccionar con el gol de Bergkamp y la derrota en cuartos de final se recordó en este presente desde el instante en el cual se conoció el rival de semifinales de este mundial. En el 2002 la expectativa era muy grande. Recuerdo escuchar la palabra candidato infinidad de veces, pero caímos en el famoso grupo de la muerte y quedamos afuera habiendo recibido un gol de penal y otro de tiro libre, más allá del gran técnico que teníamos. En el 2006, con una renovación de jugadores, gritamos con el alma el gol de Maxi Rodriguez a México y sufrimos como nunca en los penales con Alemania. En el 2010 renovamos las esperanzas pero chocamos con la realidad nuevamente en cuartos de final  ante el mismo rival. Hoy estamos a punto de vivir lo que significa una final. El desempate, si así puede titularse, por ya haberse enfrentado a Alemania en dos finales del mundo. 

Bajo esa magia que tienen los mundiales para dejarnos viajar en nuestra memoria y experimentar aquello que nos va marcando durante la vida, crecemos en esta línea imaginaria que escribe historia cada cuatro años, que nos ayuda a entender dónde estamos y dónde queremos llegar. 
Son sueños. 
Son lágrimas de alegría, de bronca y de aprendizaje. 
Son desahogos. 
Son abrazos incondicionales. 
Son nuestros ojos.
Son quienes nos representan. 
Somos todos. 
Somos Argentina. 
Estamos en la final. 

lunes, 7 de julio de 2014

Cartas Suicidas - Capítulo 1

Hoja blanca, con renglones de finas líneas azules, doblada a la mitad para que entrase en un sobre. Tamaño 160 x 210 mm. Birome azul. Escritura a mano. Letra imprenta.


En la simpleza está la complejidad
“Resulta complejo el solo hecho de empezar a escribir esta carta. En ese camino imaginario de posibles alternativas, esta salida implicaba la última. Me pregunto por donde comenzarán las personas que toman este camino. Imagino aquellas de mente fría, capaces de planificar hasta estos pasos. También seguramente están los más espontáneos, de poca paciencia, ansiosos por llevar adelante la idea y llegar al otro lado, como suele escucharse. Quizás el pensar que mientras estás leyendo estas palabras, la decisión ya está tomada y voy hacia ese otro lugar, le da un valor adicional, como todo lo que parece generar el concepto abstracto de la muerte. Mentiría si no escribiera las veces que dudé antes de tomar la decisión definitiva. Si fuera tan sencillo, el número de personas que optaría por esta salida sería mucho mayor. Lo que cuesta vale, dicen algunos. No puedo afirmarte eso, pero quiero creer que es así. Se que también estás pensando porque tanta planificación frente a la inmensidad de maneras que existen hoy en día para llevar adelante el acto. La respuesta a ese planteo es sencilla y tiene que ver con un momento especifico (de control te diría) para que esta carta llegase a tus manos cuando corresponda según mis estimaciones. Son aproximadamente las 22:15 y estás sentada en la antigua silla a un costado de la puerta, por el impacto que te generó encontrar la carta. Si es así, te pido que camines hasta el pequeño balcón donde compartimos tanto a pesar de su ínfimo espacio para dos personas. Seguro el frío va a cambiar el color de tus mejillas y tus ojos van a mezclar lágrimas con el clima helado que trae el viento. Más allá de eso, cuando levantes la cabeza, tu mirada va a seguir mi cuerpo al dejarse caer para cumplir estas palabras. Es tiempo de dar el salto para evitar dejarte en una posición inevitable por el color de tu pulsera. En la simpleza está la complejidad”

Leé el Capítulo 2

jueves, 8 de mayo de 2014

Un día para la presentación de Castillos de Arena: Las sombras de los sueños cumplidos.

La sombra sobre la arena.
La sombra ante un espejo.
La gran sombra de un auto en una autopista vacía.
La sombra que genera el encuentro de dos cuerpos compartiendo un instante.
La sombra del miedo ante una decisión inevitable.
La sombra que deja un familiar cuando la tierra cubre ese espacio que ya no abandonará físicamente.
La sombra de una injusticia que parece consumirnos por dentro.
La sombra de la opresión que implica un cambio revolucionario.
La sombra de un castillo construido con nuestras manos.
La sombra de un impulso que puede romper un prejuicio.
La sombra de un viaje real o imaginario.
La sombra de la lucha constante que acorrala el cumplimiento de un objetivo.
La pequeña sombra de un bebé dando sus primeros pasos.
La sombra del efecto narcisista de los amantes del poder.
La sombra de lo que queremos ver pero a veces no siempre logramos creer.
La sombra del bastón que nos mantiene de pie en los últimos años de vida.
La sombra del agua cayendo a través de una cascada
La sombra de una cama vacía y un médico con mirada perdida.
La sombra de dos manos unidas en una sola dirección.
La sombra de un disparo en forma de defensa.
La sombra de un puño que busca someter y olvida la igualdad de derechos.
La sombra del sacrificio por cumplir una promesa.
La sombra de un enemigo que nos acecha.   
La sombra del éxito después de haber conocido la cima de una montaña.
La sombra del fracaso y su tendencia a opacar el verdadero esfuerzo realizado.
La sombra momentánea de la felicidad o la tristeza, aún sabiendo que son pasajeras.
La sombra que nos acompaña todos los días.
  

¿Cuánto vale una sombra? En realidad, el poder que tiene va mucho más allá de eso que vemos cuando el sol o la luz impacta sobre nosotros o sobre alguna especie de material. Una sombra es una llave que funciona para entender eso que creemos que nos rodea y a veces no es otra cosa que el mismo peso del cual nos debemos desprender. La sombra puede ser propia o puede tratarse de la materialización de una decisión que de no llevarla adelante termina convirtiéndose en una de esas anclas tan pesadas que pueden dejarnos en el fondo de un enorme y profundo océano. La pregunta que se genera es cómo entender que las sombras no pueden manejarse, sino que están ahí, con la capacidad de desbalancearnos de la noche a la mañana. La solución, sin embargo, no es otra cosa que el movimiento. ¿Quién dijo que dar un paso hacia atrás no resulta positivo? Ese mismo paso puede ser la clave para olvidar esa sombra y avanzar hacia otro destino, incluso con otras armas en caso de tener que enfrentarla nuevamente.
Las sombras forman parte de nuestras vidas, aún en los casos en donde no somos capaces de verlas. Tener los ojos abiertos no implica la acción de mirar. A veces es cuestión de cambiar la perspectiva para hallar ese otro punto de vista que nos deja crecer y encontrar las sombras de nuestra realidad, esas que nos dejan entender lo que tuvimos, lo que aún tenemos y lo que proyectamos tener. Las sombras del ayer, del hoy y del mañana. Las sombras de los sueños cumplidos.

1 día para sumar una nueva sombra por un sueño cumplido.  
1 día para la presentación de mi segunda novela. 
1 día para Castillos de Arena. 

lunes, 31 de marzo de 2014

La construcción de "Castillos de Arena"

Frenar después de avanzar un largo camino funciona como la acción necesaria para entender el espacio donde estamos parados. Existe una imperativa división que define el trayecto recorrido y me refiero a aquello que queremos vivir, no a lo que tenemos que padecer por diferentes motivos. Esos momentos que si elegimos son los que nos hacen sonreír y nos brindan las razones por las cuales seguir, si puede denominarse de esa manera. 

Después de publicar "Espejos Mentales", mi primer paso dentro del mundo literario, apenas pasaron un par de semanas hasta empezar a construir una nueva historia. Es una acción que no necesita de análisis ni razonamientos que impongan una decisión, sino simplemente hacer lo que a uno realmente le gusta más allá de esas responsabilidades que suelen titularse como más importantes, a pesar de no acercarse ni un poco a serlo realmente. 

Así fue que después de algunos días en los cuales volqué ideas lejanas en el papel, opté por una de las tantas historias que formaron parte de mi crecimiento como persona y como escritor. Allá por el año 2003, cuando terminé de escribirla con 18 años, soñé que llegaría a publicarse como libro. Once años más tarde y con infinidad de ríos que cruzaron abajo de miles de puentes, ese momento está por materializarse. 

Pero no saltemos hacia el final sin antes conocer cómo se llegó a ese punto; al fin y al cabo somos lo que aprendemos de nuestro pasado. Después de releer la historia, en abril de 2012, empecé a reescribirla hasta que en Agosto llegó la idea que se convertiría en el eje central de la novela.  

Pensé en llegar para la Feria del Libro de 2013, pero el desarrollo de los personajes centrales de la historia necesitaba de más tiempo. Visité a mi familia que vive en Chile en Febrero de 2013, sin perder de vista el cuaderno para seguir la novela. No importa el contexto en el cual te encuentres, sea de felicidad, tristeza o indiferencia, cuando se trata de esa tranquilidad en el alma que implica hacer lo que amás. 

Apenas 5 días después de haber regresado a la realidad de horarios y responsabilidades, una noticia inesperada, de esas que no avisan ni piden permiso, obligó a adaptarse a nuevas condiciones de vida. Supuestamente era una operación sin mayores riesgos, pero volcar más palabras de las que ya se escribieron y se dijeron, no tiene sentido. Lo único concreto es que ella ya no está presente físicamente. Mi abuela tenía uno de esos espíritus de alegría, de los que suelen transmitirla a su alrededor. como el mayor de sus 9 nietos tengo una inmensa cantidad de recuerdos que fueron (y seguirán siendo) parte de lo que soy hoy y quiero ser mañana. 
Fueron semanas difíciles, donde todo costó mucho más, donde las palabras parecieron haber desaparecido y las hojas de mis viajes en colectivo se mantuvieron en blanco. Más allá del dolor inevitable, fue la novela quien me ayudó a recordar la imperiosa capacidad que tenemos de adaptarnos a un nuevo entorno cuando nos vemos obligados a ello, obviamente sin caer en el acto del olvido. 

El contacto con la muerte me llevó a volcar en palabras dentro de la historia lo que estaba sintiendo y así los renglones volvieron a llenarse sin perder de vista el objetivo. Toda novela de ficción  esconde partes de la memoria de su escritor entre las palabras que elige para contar un relato. 

Volvieron las responsabilidades, con claras intenciones de robar más tiempo aún, pero la historia ya tenía un ritmo que no podía abandonar. En 3 renglones con una frase o varias hojas por capítulos enteros, escribí prácticamente todos los días del año.  A medida que avanzaba, empezaba a sentir que se acercaba el final. Varias personas me preguntaban ¿para cuando la segunda novela? Mi respuesta era siempre la misma, teniendo en cuenta un posible límite que me había puesto: la próxima Feria del Libro. Quizás no se trata de un espacio que puede explicarse hacia un otro, pero ocupa un lugar invaluable en mi memoria desde la primera vez que la conocí. El poder de esos recuerdos que no pierden ni cambian por nada del mundo son los que sobreviven a los intentos del entorno por eliminarlos. 

El 2013 terminó y ese primer segundo del nuevo año acompañó mi mayor deseo. Durante Enero llegó el posible final de una larga historia que repasé en gran parte en las playas de Miramar, otro de los espacios con un poder indescriptible a nivel personal. Después de la corrección general fue momento de registrarlo en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, para luego presentar todo en la editorial. Con la tapa casi finalizada y los últimos retoques en cuanto a palabras dentro de la historia, "Castillos de Arena" quedó terminada para mandar a su edición. 

Marzo tuvo mucho movimiento en cuanto a la comunicación con la editorial hasta firmar de forma definitiva la tapa y el interior de la novela. Ahora solo queda esperar que suene el teléfono para escuchar la confirmación y retirar los libros. Ese instante donde por primera vez y para siempre, las manos tocarán la historia que reflejan las páginas y los ojos recorrerán las palabras que identifican como único a "Castillos de Arena". Más adelante llegará el tiempo de la presentación al mundo y la participación en una nueva Feria del Libro como escritor. 

En medio de esa larga lista de acciones que parecen obligarnos a vivir cada día, existe al menos una del otro lado de la balanza con el poder de mostrar una lucha incesante para encontrar el camino que queremos. A veces requieren de más tiempo, implican un extenso camino hasta alcanzarlos e incluso parecen desaparecer en más de una oportunidad, pero la suma de todos esos puntos afirman todavía más que a pesar de que pueden nacer con nosotros o aparecer en ciertos momentos de nuestras vidas, siempre se llegará a la conclusión de que los sueños se construyen antes de ser realidad. 

Viernes 9 de mayo: Presentación de "Castillos de Arena"
Domingo 11 de mayo: Participación en la 40° Feria del Libro. 

martes, 21 de enero de 2014

Cuando el silencio grita el final del principio

Después de ese lunes 5 de marzo de 2012, día en el cual presenté "Espejos Mentales" acompañado de una lluvia torrencial en la ciudad, apareció la sensación y el deseo de subir la apuesta en una segunda novela. En realidad, y después de cumplir un sueño que uno mantiene vivo durante tanto tiempo, llega un punto de inflexión en donde ese espacio en la mente que nos hace seguir soñando exige llenarse de nuevo, siendo el acto de soñar lo que nos mantiene despiertos.  Quizás es fácil de escribir, pero muy difícil de alcanzar, sabiendo que  los sueños no se compran ni se prestan e incluso a veces nos engañan haciéndonos creer algo que no son.

Casi dos años después, tiempo durante el cual la vida planteó diferentes situaciones, llegó  el punto final de esa lejana idea. Sin importar el color de la realidad adaptándose a nuevas condiciones, la historia nunca dejó de avanzar como fiel reflejo a la vida misma. Esa lista tangible de palabras abstractas que nos rodean como la felicidad, la tristeza, la injusticia y la muerte,  terminaron siendo fundamentales para el desarrollo y la construcción de la novela.  Los personajes forjaron su identidad, el contexto de la historia creó sus pilares más importantes y los capítulos entendieron lo que debían ser para sobrevivir.

La extensa cantidad de títulos se limitó hasta alcanzar ese que reflejase la esencia de la novela: "Castillos de Arena".  Y en medio de un camino a punto de desaparecer quien sabe hacia donde, con el reloj marcando casi las tres de la mañana hace un par de noches atrás, llegó la última oración con esas armas infalibles, las más peligrosas que nos rodean por su poder ilimitado y sus inminentes consecuencias: las palabras. El punto final en la hoja de la novela solo significó un principio.

Ahora llega el después, el momento de subir aún más la apuesta para llevar la historia más allá de los límites que alguien decidió definir algún día, pero que claramente se construyeron para encontrar las maneras de cruzarlos. En un presente que parece obligarnos a sobrevivir, ¿cuáles de esos límites  estarías dispuesto a romper para defender ese espacio que vive de sueños?
Cuando el silencio grita el final del principio es tiempo de buscar los caminos que permitan escucharlo. 

martes, 31 de diciembre de 2013

La magia de un número

Es difícil mirar objetivamente la foto de un año cuando durante él se vivieron esos momentos que funcionan como un punto de inflexión y desencadenan una serie de consecuencias a corto y largo plazo, obligando a aceptar cambios y adaptarse a nuevas condiciones de vida. Las formas de entender dichos espacios, donde predomina una primera tristeza que parece superar una línea imaginaria que establece la mente, varía según la percepción de cada persona. Con el tiempo, algunos más, otros menos, funcionamos de tal manera de transformar algo imposible y abstracto en una realidad tan genuina, que en cierto punto la catalogamos de esa forma.

Quizás invaden la cabeza una lista de palabras mientras transcurren los últimos días de un año. Cada una de ellas tiene su propio significado. En realidad, más que un significado es un contexto que la posiciona en aquel lugar. No existe un orden, sino que simplemente están ahí. Balances, lo mejor, lo peor, lo que está bien, lo que está mal, falta menos para algo, porqué pasó, porque no pasó... y esas son solo el comienzo. En el medio de todas ellas, me resulta inevitable preguntarme: ¿Para qué? ¿Con qué razón? En verdad, este tipo de cuestionamientos se acerca más a un análisis filosófico que estamos lejos de entender. Por ello, creo que vale la pena destacar como un simple cambio de un número, trae consigo una magia que supera cualquier palabra, expresión o deseo. Se escucha la palabra renovación, afirmaciones como el hecho de cargar pilas para lo que viene y así diversos sinónimos. Ciertas acciones quedan en el pasado con el recordatorio que estuvieron ahí y otras esperan repetirse por pertenecer al grupo del camino que se quiere recorrer. Algunos objetivos se acercan más a la línea final, otros se concretan y aparecen nuevos que implican movimientos diferentes y arriesgados, pero con un futuro prometedor.  Todo esto parece unirse en aquella cuenta regresiva en donde todos comparten un mismo momento más allá de la distancia geográfica o incluso física, empezando a escribir una historia en su interior.

Hoy a la noche no vas a estar en esa casa con valor propio, donde las personas que la visitaron y  que la siguen visitando supieron  construir la historia día tras día. Hace un año atrás, ninguno de los que brindamos ahí pensó siquiera la más remota posibilidad de que esa cuenta regresiva fuera la última compartida. Si tengo que elegir algún momento que recuerde de todo el 2013, me quedo con esos primeros segundos en donde me abrazaste con fuerza y a los dos se nos cayeron algunas lágrimas, babe.

La realidad, por más trivial que suene escribirla y a pesar de que es una frase hecha quizás desde los primeros tiempos de los cuales podamos recordar, mañana será otro día al que no podemos anticiparnos. Imaginen si entran a una oficina y los reciben 3 personas, que se presentan a sí mismas con sus nombres: Ayer, Hoy y Mañana. Ayer afirma que tiene mucho para comentar, para explicar, para contar y nos asegura que su información será fundamental para tomar decisiones y entender cualquier tipo de hecho a nuestro alrededor. Mañana no puede dejar de generar promesas, usar verbos a futuro y plantear escenarios ideales y felices, siempre y cuando se lleven adelante ciertas acciones. Y por último, Hoy, el más callado, de aspecto pensativo y con un carácter que parece cambiar tras cada segundo, no intenta convencer con sus palabras, sino que utiliza un tono como si estuviera relatando episodios alejados entre sí, algunos positivos y otros negativos. ¿Le darías la razón a una de las tres personas, elegirías una por sobre las otras dos o intentarías entender la combinación de los dichos de las tres? ¿Y si existiera una cuarta opción que no conocemos por el solo hecho de no estar dentro de nuestro conocimiento?

Esta vez, el 4 tomará el lugar del 3 y con ese ínfimo cambio de un número, a su vez comenzarán a escribirse millones de esas páginas, basadas en las decisiones de cómo seleccionar las palabras de aquellas tres personas. La única acción que no necesita de ninguna explicación es la escritura de esa hoja que resumirá la historia hasta que un simple 5 decida tomar el lugar del 4, demostrando nuevamente el poder y la magia de un número.

El año pasado terminé de escribir algo similar con ciertas palabras que resumen toda la idea.
Cambiará el calendario y un número en el año, pero la historia la escribe cada uno.
Disfruten lo que tienen, valoren a la gente que tienen al lado y usen las palabras antes que sea demasiado tarde.

¡Feliz 2014 para todos!