miércoles, 13 de junio de 2012

Montaña rusa


A medida que el día avanzaba y el reloj se acercaba a la hora señalada, tenía una rara mezcla de pensamientos en su mente. Mientras viajaba en el colectivo de todas las mañanas ya venía practicando algunas de las palabras que había preparado. Notó que varias personas al mirarlo, negaban con la cabeza como diciendo: “Este está loco”. La misma sensación la vivió en el bar donde por la tarde decidió practicar mientras merendaba. Una hora antes del comienzo, llegó al auditorio para realizar un ensayo que resultó muy positivo. Claro que las más de 100 personas sentadas en las butacas rojas minutos después, cambiarían completamente el contexto. Tomaba agua, intercambiaba algunas palabras con sus compañeras con las que realizaría la exposición e intentaba familiarizarse con el escenario. El salón empezaba a llenarse y el momento se aproximaba. La directora dio inició al evento y luego de algunas palabras de los profesores, llegaron aquellos minutos. Ese instante cuando sus pies parecieron pesar y 5 escalones se transformaron en 5 pisos. Tomó el micrófono, tras un largo suspiro intentando controlar su respiración, se paró a un costado de la pantalla y al levantar la vista, se encontró con el público. Expectante y en silencio para escucharlo atentamente. Fue como aquel momento donde el carrito de la montaña rusa llega a su punto más alto y con sus palabras, comenzaría el recorrido más difícil de aquella vuelta. Buscó algunas caras conocidas intentando tomar confianza. Las letras comenzaron a unirse y las palabras a formarse. El inicio fue preciso, seguro y como aquel ensayo había demostrado. Varios segundos más tarde, vivió esa frase reconocida como “mente en blanco” mientras sus latidos del corazón se aceleraban. Tenía que seguir, salir de esa pausa y volver a pintar el aire y el silencio con palabras de otro color. Así logró dejar atrás esa laguna momentánea, para continuar el camino. Dudó cerca del final, pero consiguió un buen cierre con el pase a su compañera. Respiró hondo, retrocedió unos pasos y escucho el resto de la presentación. Tras recibir algunos aplausos, la escalera ahora pareció un simple tobogán de plaza. Había terminado. Como todo eso que uno no imagina, pero sin embargo termina pasando. Cerró los ojos algunos instantes y buscó en su mente lo que acababa de vivir: ahora ya ocupaba un lugar en esa extraña montaña rusa de sensaciones al pasar nuevas e impensadas experiencias, que tiempo atrás parecían una escena de otra película. Esa gran diferencia que existe entre sentarse a mirar como pasa la vida o subirse a la montaña rusa y ser el protagonista.  ¿Tenes alguna duda de que lado conviene estar?

viernes, 8 de junio de 2012

Pasajeros de un mismo destino

El espacio comenzaba a convertirse en oro. Los rostros se multiplicaban con el correr de los segundos, variando constantemente la cantidad de ciudadanos. Algunas ventanas se mantenían cerradas a pesar del discontinuo esfuerzo por abrirlas. Me encontraba en una esquina, logrando un punto de vista completo de aquel extraño mundo. El gris del cielo acompañaba ese silencio que casi siempre se vivía en el aire. La capacidad era quizás entre 70 u 80 habitantes como máximo. Nunca se conocía con exactitud ya que el movimiento nunca cesaba. Unos se iban, otros llegaban. Algunos volverían a este mismo mundo al día siguiente, otros solo estaban de paso. Aquel valioso silencio que se cotiza tanto y no existe en nuestro mundo natural  (muchas veces repleto de palabras sin sentido), a veces se ve amenazado durante unos instantes cuando un ciudadano decide escuchar su música sin tener en cuenta el gusto de los actuales residentes en esos momentos. Otros prefieren respetar a los demás habitantes y se animan a viajar incluso a otro mundo más lejano con sus auriculares. No se suelen ver sonrisas, sino rostros de pocas expresiones, atentos a cualquier cambio de posición en el espacio físico. Claro que como todo mundo, algunos tienen más privilegios que otros y pasan su estadía de forma más cómoda. 
Quizás uno los de los factores más valiosos de tener la posibilidad de ingresar a este mundo, es la ausencia de prejuicios durante el escaso tiempo donde se cruzan los caminos. La entrada se presenta en puntos estratégicos de nuestro mundo original y la salida se reduce a presionar un simple botón para advertir el final de la estadía. No es un detalle menor, el hecho de que todos los días, para acceder a este mundo se debe pagar el derecho de pertenecer a él. 
No hay hospitales o estaciones de policía, ya que el espacio es muy limitado para construirlas. Por tal motivo, a veces hacen su aparición participantes de aquellos lugares solo en situaciones en las que son requeridos. El destino de todos los ciudadanos está en manos del presidente, quien tiene la misión y difícil tarea de controlar el movimiento del mundo. Es un sistema político donde no se elije al candidato, sino que es puesto por habitantes del mundo original. Uno de los mayores peligros es la posible colisión con un mundo similar o hasta con un mundo unipersonal, mucho más pequeño. Otra de las principales actividades es la lectura de algún libro por deseo, tema de estudio o diario. O la actividad más sencilla y a su vez compleja, que muchos eligen: observar desde su lugar en el mundo actual como era el exterior. 
Noté que mi tiempo en este extraño mundo paralelo que visitaba todos los días estaba llegando a su fin. Mis ojos recorrieron  los rostros de los actuales habitantes, sabiendo que a muchos de ellos volvería a verlos en algunas horas. Mi movimiento hasta acceder al botón de la salida, provocó una reacción en cadena y cambios en las posiciones: el espacio ya había sido ocupado por otro habitante en cuestión de segundos. La puerta se abrió y me enfrenté al mundo original de todos los días, donde hasta el clima ya era diferente. Mientras caminaba, lo vi alejarse con mi mente pensando aquella rara sensación de que en ese tipo de mundos todos somos pasajeros de un mismo destino. 

miércoles, 6 de junio de 2012

¿Sabés si hace frío?


Decidí anticiparme a mi verdadera estación. Ya estaba perdiendo demasiado terreno, dejando que muchos se olvidasen de mí. La humedad se estaba llevando demasiado protagonismo. Era hora de poner las cosas en su lugar. Con el cielo en un extraño color grisáceo, un viento casi congelado y algunas gotas de lluvia casi llegando a aguanieve como le decían en los noticieros, la tarea se facilitaba notablemente.  Mi ataque comenzaba apenas escuchaban su despertador. Aquel peor momento del día, como muchos lo llamaban. Yo los veía, luchando contra una voz interior cálida, suave y en un tono muy relajado que intentaba convencerlos de no moverse de ese espacio único como lo es el sobre. Apenas se ponían de pie, los obligaba a notar mi presencia. El desayuno era solo un instante donde decidía dejarlos en paz para que sus mentes imaginaran que yo no estaba ahí. Antes de salir hacia la zona donde más los estaba esperando, sonrío al observarlos llenarse de prendas de vestir, una sobre la otra pensando que lograrían evadirme. De esa manera transitan las horas de su día donde logran comprender que merezco respeto. Algunos me enfrentan solo detrás de sus ojos, encapuchados al máximo. Otros, se animan a una lucha cara a cara. Las consecuencias son inevitables. Ni hablar del uso de sus celulares. Aquellos que suelen necesitarlos a toda hora, deben sacarse sus guantes para utilizarlos. Error: me dejan la puerta abierta y me ayudan en mi trabajo. A veces me comunico con un familiar lejano que está trabajando en el otro lado del mundo. Tiene más suerte que yo porque es recibido con menos ropa  y con claras palabras al disfrutar su estadía.
Así son mis días, donde debo cumplir mi función, como si fuera una sombra capaz de dividirse en infinitas partes y cubrir gran parte del espacio. Suelen repetir mi nombre con una expresión de asombro o hasta incluso con preguntas sarcásticas, sabiendo que estoy ahí, a su lado, apenas pronuncian aquellas palabras frotándose ambas manos: ¿Sabés si hace frío? 

lunes, 4 de junio de 2012

La torre y su magia


En uno de mis pasos por aquel increíble viaje el año pasado, el más importante por ahora en mi vida, estas fueron las palabras que me salieron mientras la miraba fijamente a ella: "La torre y su magia"

Luz en la oscuridad. El cielo parece iluminarse y se convierte en el centro de mirada de miles de personas. Diferentes culturas se mezclan ante un punto en común con el mismo efecto: Una sonrisa con una expresión de asombro. Cada una hora las luces amarillas que cubren dichas miradas, se ven invadidas por luces blancas que titilan durante cinco minutos que parecen eternos. Una ola de aplausos culmina un momento irrepetible, de esos para guardar. Imágenes que quedan reflejadas en cada una de esas fotos con flash que nunca terminan su secuencia. Siempre existe alguien que captura el momento. Por eso es como la escena de una película que siempre muestra sus mejores temas. Los ojos quedan fijos en su figura perfecta. Mas allá de sus años y años de historia, sus curvas se mantienen intactas y siguen enamorando a cualquiera en apenas segundos. Impone respeto con su presencia. Sin importar el clima, ella siempre se deja ver, apreciar, disfrutar. La vista nunca se cansa de semejante obra. Es como si un instante se grabara en la mente. Una mente que aprende, valora y atesora cada uno de esos recuerdos desde ese presente hacia delante. Ella está ahí, esperando ser conocida. Y no piensa irse a ninguna parte, rodeada de verde y de fuentes de agua decorando un espacio mágico para siempre.

Hola, soy Lunes


Llega demasiado rápido y sabe que a pesar de sus intentos de cambios, nadie lo quiere. Recibe comentarios negativos incluso horas antes de aparecer. Cuando se anticipa con frío, o para algunos con lluvia, la situación es aún menos alentadora. Tiene 6 hermanos con los cuales se divide el trabajo, pero sin dudas él se lleva siempre la peor parte. A veces realmente intenta poner lo mejor de si, sabiendo que nunca será suficiente. La frase más escuchada en el trabajo de su hermano al regresar a casa siempre hacia referencia a él y no precisamente en forma positiva, sino con desgano y miradas al suelo. Las primeras horas son las más difíciles. Ante algunos errores, lo suelen usar como excusa. Ya por la tarde y cuando empieza a asomar la noche, comienzan a tratarlo mejor. Termina su jornada laboral y retorna a su casa. Ve a uno de sus hermanos listo para tomar su lugar y luego relata algunas historias sobre lo que acababa de vivir. Siempre giraban con la misma idea, la gran mayoría se quejaba, pero él se quedaba con aquel pequeño y muy ínfimo grupo que sonreía y lo recibía con felicidad; algo que parecía una misión imposible. Se metía en la cama para descansar tras su arduo trabajo hasta que llegaba nuevamente su hermano Domingo y volvía a escucharse: “Dale Lunes, te toca a vos”.

domingo, 3 de junio de 2012

El piano


Hoy se cumplían ya diez años de aquella primera clase. Aun podía escuchar los gritos de mi padre obligándome a sentarme frente a ese frio instrumento que sin saberlo se convertiría en mi único aliado.  Me acomodé en la silla acolchonada y aproximé mis manos hacia él. “¡No escucho que estés practicando!” Nunca más quería escuchar ese tipo de frases que invadían mi cabeza. Ya solo me limitaba a tocar. Acaricie la madera exterior de la caja de resonancia que contenía la magia de la música. 88 teclas. 36 negras y 52 blancas. 3 pedales. Mi mente ya lo tenía tan presente que podía definir cada centímetro  como mi propio cuerpo.

Esa tarde de otoño fue el inicio, cuando ella no soportó más y decidió pasar a otra vida. Mi padre no pudo superarlo.  Su locura apenas minutos después de encontrarla en su cama ya en un sueño profundo, se volcó hacía mí. Mi madre amaba esa música pero mi padre la odiaba. Sin embargo, ante la falta de aquel “sonido infernal” como él lo llamaba, y con mis apenas siete años, me sentó frente a aquel instrumento y comenzó mi camino.

No tuve otra opción, día tras día. Con un sol radiante en mi rostro o ante tormentas enfurecidas  golpeando la misma ventana una y otra vez. Las órdenes de mi padre crecían y su furia no desaparecía. Mis manos por momentos no soportaban la presión y rogaban un descanso. Mi garganta seca, imaginando un vaso de agua fría se repetía en los mediodías. Apenas tenía tiempo para comer, incluso a veces las teclas se manchaban cuando me veía forzado a morder bocado sobre ellas. La locura de mi padre por momentos era tan grande que mezclaba sus gritos entre no soportar el sonido de la música y la necesidad de escucharla. Su mente ya no tenía vuelta atrás y los años seguían deteriorándola. Mis constantes faltas a la escuela eran justificadas por enfermedad o cualquier invento de mi padre.

De esta manera, los años fueron pasando hasta alcanzar este momento. Me encontraba frente a un teatro repleto de gente dispuesta a escucharme. Mi primer concierto frente al mismo instrumento que diez años atrás me había recibido. Mis manos y mi mente no equivocaron ninguna nota y los aplausos invadieron el lugar. Me levanté para ofrecer una reverencia con una sonrisa enorme en mi rostro. Nunca hubiera imaginado que una trágica muerte y una locura sin sentido por algo que solo reflejaba odio, me hubieran llevado a ese momento. Me di vuelta y mis ojos se clavaron en él. El mismo que llevaba toda mi historia tallada en aquellas teclas. El piano que definía con cada tono un instante de mi propia vida. 

viernes, 8 de julio de 2011

Acciones en cadena

Cuando nos encontramos ante situaciones límite, donde solo dependemos de nuestra mente es imposible conocer como vamos a reaccionar. Muchas veces nos vemos sorprendidos y debemos tomar una decisión y la acción que decidamos, definirá de alguna manera la siguiente. Un reflejo de esta situación, se da cada mañana en nuestra rutina antes de empezar el día. Desde cosas menores como perder un colectivo al otro extremo, donde lo que se pierden son oportunidades. Cuando estas caminando por la calle y una persona te frena para preguntarte la hora, implica una serie de acciones que generaron ese momento. Más a fondo en el tema, son las acciones que se van acumulando y generan esa famosa y conocida "reacción en cadena". Una acción es manifestar una decisión en un hecho. Podemos decidir sobre muchas opciones, pero sin actuar nunca sabremos si ese camino hacia lo desconocido nos lleva hacia nuestro destino.