domingo, 19 de abril de 2020

Cuentos en Cuarentena: "Excursión"

Era el mejor día de la semana, a pesar de los riesgos que supuestamente existían al salir. Minuciosamente ya había preparado su lista de pendientes, divididos en urgentes y necesarios. Tenía la ropa destinada solo a ese objetivo, sin mezclarla con toda la demás. El pronóstico advertía una hermosa jornada de otoño: cielo celeste, no más de 15 grados y ese viento frío que de vez en cuando golpea en la cara. Terminó de vestirse, tomó cuatro bolsas de tela de diferentes colores y miró el calendario que colgaba en la cocina. El círculo rojo sobre ese miércoles no refería a un cumpleaños, aniversario o una fecha especial del pasado, sino a su momento de esparcimiento; el único posible en medio de las nuevas medidas del mundo moderno.  

Acomodó su barbijo para cumplir las reglas, después de idas y vueltas en el tema, y abrió la puerta de su departamento. Presionó el botón rojo para encender la luz del pasillo con el codo y repitió lo mismo con el del ascensor. El número en la pantalla led por encima de la entrada gris marcó que ya estaba descendiendo. Frenó en su cuarto piso y Amalia, una vecina de unos 60 años, lo saludó con una sonrisa que no pudo ver a través de barbijos. El ascensor era uno de los espacios donde el distanciamiento social desaparecía sin otra alternativa. El clásico tema del clima se transformó en un silencio pleno durante los segundos del viaje. Ella salió primero, abrió y apuró el paso apenas él pudo sostener la puerta de entrada. Caminó los pocos pasos que lo separaban de la vereda y por fin sintió el sol en la piel.

Tenía dos cuadras para disfrutar de la caminata antes de entrar al supermercado. Sostenía con fuerza las bolsas de tela, los nuevos pases hacia la esporádica y momentánea libertad. Llegó a la esquina y el semáforo le daba luz verde a los autos, pero no se veía ninguno. En otro momento hubiese cruzado, apurado por un tiempo que no existía. Sin embargo, esperó a que el color cambiase a rojo. Dobló a la derecha y notó que 5 personas aguardaban fuera del negocio, cumpliendo la distancia. Cuando alguien salía, otro entraba. Todo en silencio, sin ningún control externo, con un orden y una precisión inédita.

Llegó su turno y disfrutó el primer paso al entrar. Algunas góndolas reflejaban los faltantes en la ciudad pero la mayoría tenía lo que necesitaba. Revisó su lista de pendientes y fue llenando las mágicas bolsas de tela. Nadie quería compartir un pasillo con otro, el supermercado ya no tenía esa música oriental de fondo, esa que sonaba cuando el mundo aún parecía normal. Volvió a verificar la lista antes de acercarse a una de las cajas. Se arrepintió de no haber traído otra bolsa más. Asintió con su cabeza para devolver el saludo del cajero a través de una especie de pared de papel film. El sonido de cada producto en la maquina era el nuevo vocabulario dentro de esos supermercados. Sacó su tarjeta para pagar, volvió a acomodar todo dentro de las bolsas y regresó a la calle. 

A paso lento por el peso y tras frenar dos veces, se encontró de nuevo con su edificio. Subió al ascensor, cruzó la entrada de su departamento, dejó las bolsas y cumplió con cada regla que ya conocía después de meses en cuarentena. Acomodó las compras en alacenas y la heladera y tomó el marcador rojo, que colgaba de un hilo al lado del calendario. Tachó un día más y volvió a remarcar una fecha con un círculo, mientras pensaba  cuántas excursiones le quedarían por delante.

miércoles, 1 de abril de 2020

Cuentos en Cuarentena: "Paranoia"

Día 1237. La pared ya no tiene más lugar para marcas. El sillón se convirtió en el nuevo armario oficial. Las alacenas solo tienen alguna lata de arvejas o una caja de arroz, después de esos días de batalla en supermercados. El agua de la canilla apenas sale con presión y ya olvidé la última ducha. Solo queda la radio, en una sola frecuencia, con transmisiones esporádicas desde distintos lugares del mundo. Las señales de telefonía celular desaparecieron semanas atrás, la televisión se transformó en un espejo y  la conexión a internet colapsó después de varias advertencias. La luz tenía sus momentos, las pilas se agotaron y solo puedo escuchar Keep Yourself Alive de Queen en un mp3 con botones rotos que encontré en uno de los cajones que nunca se ordenan. Los libros volvieron a ocupar un lugar tan relevante como esencial, siendo los únicos capaces de transmitir ideas y de hablar con sus palabras. Levantar la persiana es una misión casi imposible: me visto con el traje especial y la máscara que inventé para no respirar el aire contaminado. El silencio parecía hablar como nunca antes lo había hecho.  No tengo noción de la última conversación con otro ser humano. Aún recuerdo los primeros días del “Aislamiento social y obligatorio”: ese título innovador por el cual los gobiernos de distintas partes del mundo decretaron el principio del fin. El virus nunca fue más peligroso que la paranoia que generó en la sociedad. Los falsos números, las víctimas, el manejo de los medios y el descontrol de la economía, solo fueron algunos de los puntos que construyeron el “nuevo mundo”. Controlar la curva, tenemos que controlar la curva. Y así nos convencieron a todos, o al menos a una gran mayoría. Sin transportes terrestres, sin barcos, sin aviones. Con miedo entre nosotros, miedo a respirar cerca de un otro o tocar aquello que otro ya había tocado.  La noción del tiempo y el espacio cambió como si lo abstracto dejara de serlo, como si pudiéramos sentir y ver a ambos de otra manera. Los animales volvieron a las calles, recuperando un espacio que quizás nunca debieron haber perdido. Dejamos de tener control y nunca nos habíamos preparado para eso. El error fue pensar que alguna vez lo tuvimos, cuando solo una minoría supo la verdad. Aún no sabemos el motivo de nuestras transmisiones, después de más de tres años en cuarentena. ¿Esperanza? ¿Realidad? ¿Leyenda? ¿Resignación? A los pocos que seguro quedamos con vida, les pedimos que sigan así, que no dejen de intentarlo. La vida que teníamos, donde la libertad era protagonista, no va a regresar. Solo nos queda adaptarnos, como en distintos momentos de nuestro camino. Adaptarnos para sobrevivir y seguir escribiendo historia. 

Subió el volumen de la radio para terminar y ese sonido al no encontrar la frecuencia deseada, ocupó el lugar de sus palabras. Los aplausos invadieron la pantalla desde los distintos espacios tecnológicos que cada compañero ocupaba en la sala compartida de manera virtual.

- Excelente trabajo. Tomaste en serio la experiencia de transmitirla – la profesora de la clase de teatro lo felicitó sumándose a los aplausos que se veían en el monitor – Solo esperemos nunca llegar a eso, ¿no? Gracias a todos. Quédense en casa. Nos conectamos la semana que viene.

Logró esbozar una sonrisa, saludó hacia la cámara y se desconectó. Se acercó a la ventana para tratar de ver algo a través de la persiana completamente cerrada. Se cambió la remera, eligiendo una del sillón y caminó a la cocina para agarrar una lata de arvejas y una cuchara, antes de volver a ´su habitación. Abrió uno de los cajones del escritorio para buscar su mp3 y los auriculares. Mientras sonaba Keep Yourself Alive, cerró los ojos con el mismo deseo de su profesora. Ojalá nunca lleguemos a ese nivel de paranoia.

domingo, 29 de marzo de 2020

Cuentos en Cuarentena: "Sobreinformación"


- ¡A comer!
El grito de su mamá se escuchó desde la cocina, aún estando en la habitación del primer piso. Tenía la television encendida como siempre, desde varios días antes del inicio de la cuarentena. Bajó y subió entre los canales informativos, solo para leer los títulos. 

“Nuevas medidas para los jubilados”,  “Cocinar con lo que hay en la heladera”, “Invasión de polillas en la ciudad”, “Hay que prolongar la cuarentena”, “Momentos conmovedores en el país”, “China vuelve a la normalidad”, “La información es la única manera de evitar el miedo”.

- ¡La comida está en la mesa!

El sonido pareció llegar aún más fuerte. Escuchó los pasos de su hermana, bajando desde el segundo piso.

- Dale, vamos a comer. Salí aunque sea un rato de acá – le abrió la puerta antes de seguir su camino.

El pitido para marcar una notificación en su celular lo obligó a desbloquearlo. Una importante agencia de noticias informó el número de fallecidos en España e Italia. En ambos países parecía no dejar de aumentar. Deslizó hacia arriba su pantalla para leer un poco más. Un periodista reconocido compartió una nota de un medico infectólogo que advertía sobre que “lo peor está llegando si no tomamos las medidas adecuadas”.

-  Dale. Vamos a cenar, después seguís – su papa le abrió más la puerta antes de bajar a la cocina.

Se paró para caminar al baño y lavarse las manos. Dejó el celular en el mueble viejo, debajo del espejo de dos puertas. Mientras se enjuagaba después de 30 segundos, según lo que había leído en un diario ingles, se encendió nuevamente la pantalla de su teléfono. Marcos, uno de sus amigos, le reenvió un audio de Whatsapp de 3 minutos y 47 segundos. En epocas de pandemia parecía que ningún audio podia durar menos de 3 minutos. 

Se secó y se llevó el celular al oído, después de presionar el botón para escucharlo. Era un medico de un hospital privado de la Ciudad de Buenos Aires que contaba la situación actual y pedía por favor que nadie salga a la calle. Se sentó en su lugar de la mesa mientras terminaba de escuchar el audio.

“Último momento. China vuelve la normalidad, mientras el mundo sigue en pausa. El presidente del país asiatico levantó todas las medidas para retornar a la vida habitual…”  

- Bajá un poco el volumen, abuelo – dijo su hermana en voz alta – En la radio todo parece más dramático.

- ¿Drámatico? Esto está más armado que cualquier otra conspiración. Encima no me dejan salir más que al patio.

- Es por tu bien, papá – su mamá apoyó una fuente con ensalada en el medio de la mesa – Por favor, ya lo hablamos.

Su abuelo negó con la cabeza, como si estuviera resignado. El celular volvió a encenderse. El Ministerio de Transporte informó en su sitio web la extension de la suspension de vuelos de cabotaje.

- ¿Lavaste bien las verduras, no? – no pudo evitar hacer la pregunta en voz alta – Vi un video en YouTube que necesita un poco de lavandina especial con agua y bicarbonato de…

La risa de su hermana lo interrumpió.

- ¿Desde cuando te importa eso a vos? ¿Tenés fiebre?

- Con eso no se jode. ¿No sabías que es probablemente el primer sintoma? Escuché a un enfermero 
que hablaba por teléfono en la fila del cajero cuando fui hoy.

Su abuelo empezó a servirse de la fuente mientras discutían.

Llegó otro audio de Marcos. 4 minutos y 22 segundos. Antes de reproducirlo, el propio Marcos escribió “Ni lo escuches, al parecer el audio anterior era mentira”. Se levantó a buscar otra botella de agua a la heladera e igual comenzó a escucharlo.

- Compartilo después que quiero saber – le dijo su abuelo.

El audio terminó y no sabía ni que habían dicho. La luz hizo una especie de advertencia y todo quedó a oscuras segundos después.

- ¡No me digas! – gritó su papá.

- No puede ser. Informaron que no podían cortar servicios – recordó que lo había leido en el diario de ayer mientras desayunaba.

- Trae unas velas del primer cajón del lavadero, hija. ¿Será en todo el barrio?

- No vas a poder salir a mirar está vez  - le respondió ella.

Volvió a su habitación y notó que su celular tenía 14% de bateria. Sin datos móviles en lo que le quedaba del mes ni WiFi ni television por un tiempo indeterminado.

- Llamé recién. Van a enviar a una cuadrilla en un rato. Parece que es en la manzana – su papá se asomó por la puerta para contarle.

Bajó al patio donde su abuelo le pegaba a la radio después de acomodar las pilas.

- Yo dije que había que cambiarlas - Se sentó en una reposera a su lado, en medio de la oscuridad.

Sus primeros minutos sin nueva información después de nueve días en cuarentena. Su abuelo solo miraba al cielo. Fue en ese momento cuando notó que el silencio también hacia ruido y que el miedo de estos días no sería el primero ni el último en su vida.  Su abuelo giró la cabeza  y con esa sabiduria que solo él podría tener, le dijo:

- Son cosas que pasan.

viernes, 27 de marzo de 2020

Cuentos en Cuarentena: "Destiempo"

Tres de la mañana del viernes, si mis cálculos en cuarentena no fallan. Me levanto de la cama a servirme un vaso de agua, pensando en cuanto me queda por dormir antes que suene el despertador para otra jornada de home office. En el corto trayecto a la cocina, escucho un sonido y una sombra sobre una de las sillas, llama mi atención. 

Son días donde la incertidumbre predomina en sus mentes. Se hacen preguntas que en otros tiempos, nunca se les hubiera ocurrido hacer. Hace tres meses levantaban las copas para brindar por la llegada de un nuevo año, ese cambio en el calendario que, para una mayoría, les implica aún mucho más: nuevos proyectos, nuevas ideas, nuevas energías. No se preocupen: esa sensación de que pasó hace mucho más tiempo es compartida. A veces es un ayer inmediato y literal, pero otras, como este caso, no les parece real. 

El punto, quizás de inflexión para tratar de entender, es si me pudieran mirar. Si me tuvieran cara a cara, si es que piensan que tengo alguna o solo uso máscaras según la ocasión. Siempre les hablo, de muchas maneras distintas, aunque no escuchen mi voz. Asiento desde algun lugar después de una decisión positiva o los obligó a reflexionar, si el resultado no es el esperado. Muchos me anhelan, otros me desprecian, aún cuando en este presente soy el único que tiene respuestas. Viven pidiendome más o miran el reloj deseando que me vaya. Los contextos de sus rutinas explican la forma en la cual eligen mirarme, aunque yo siempre los mire igual. Son seres de costumbres, apasionados por aquello que les hace bien y resignados ante lo necesario. Pero, ¿podrían vivir sin mi? ¿Serían capaces de entender cuando es tiempo y cuando no lo es?

Otros tiempos la tuvieron más fácil, ahora son tiempos distintos. Tiempos donde se ven obligados a frenar y descubrirse en una situación incierta, tiempos donde recuerdan lo mejor de ustedes y aquello que sería bueno cambiar. Estoy dándoles oportunidades y desafíos para entender dónde estamos y hacia donde vamos. Lejos estoy de ser el culpable de esta cuarentena. Nadie dice que será sencillo y en un futuro, quizás no tan lejano, esta historia comenzará a ser contada en otros tiempos.  

Viven corriendo en un mundo que a ustedes les parece nunca frenar. Hoy sin dudas existen más quejas que certezas, que ni yo podría aclarar. No saber cuánto va a durar es lo más difícil de llevar y las consecuencias, dentro de este extraño y obsoleto sistema que ustedes crearon, serán muy complejas. El único camino para sobrevivir es...

El sonido se repitió con el viento que movió la cortina y la sombra y mis pensamientos desaparecieron. Al parecer era solo un reflejo de un foco de luz en la calle vacía. Cuando me acosté de nuevo a su lado, ella me preguntó con quién hablaba. Yo solo pensé en la única pregunta que le haría: ¿Estamos a destiempo?

lunes, 10 de diciembre de 2018

El más grande

Tenía que escribir. No se bien qué palabras elegir pero las sensaciones son aquellas que no tienen que ver con la lógica y la razón. Son difíciles los para siempre o los nunca más, pero como en la vida misma, aparecen esos asteriscos. Esa letra chica que refiere a momentos excepcionales. 

Vivimos de nuestros sueños, diversos y en muchas formas, pero sueños al fin, aunque más aún de los que nos transmitieron ciertas personas con ese poder de escribir historia. Como explicar lo inexplicable en medio de un partido catalogado como la final del mundo. Fueron 40 días desde que se supo que se jugaria la última serie ida y vuelta como final de Libertadores, en medio de especulaciones, comentarios y hechos que seguramente serán recordados como todo aquello que nadie quiere recordar. Nosotros nos enteramos de lo mínimo, tratamos de informarnos. Somos especialistas en creer lo que leemos, transformarlo en lo que nos conviene o mejor se adapta a lo que deseamos en medio del doble discurso de "es solo un partido de fútbol" y "qué pasa con el que pierde después de este partido" como si esas frases resolvieran todo. 

No se trata de comparar momentos porque son cosas distintas. Como eso que se dice que lo que transmiten los abuelos son recuerdos de otros tiempos. El partido terminó hace un rato largo pero ya tiene esa magia de eterno porque fue como haberlo vivido con él. Con su radio de fondo, sentado en un costado de la mesa de madera con líneas talladas a su alrededor o en su sillón con puntos grises en el borde, con el grito de gol de Quintero rompiendo cualquier línea temporal. Es como un abrazo eterno, a pesar de que hace 15 años pasó a ser intangible para vivir en la memoria. En el gol del Pity Martinez seguramente se habrá emocionado desde que empezó a correr, como cada hincha de River en un desahogo final. 

De eso se trata todo esto, de lo que genera, de eso que vivimos ayer, hoy y siempre. De esos recuerdos que tenemos como hinchas, cada uno desde su lugar y desde el cómo se elige vivirlo, aun sabiendo la realidad del deporte que tenemos enfrente. Siento que él me transmitió gran parte de esta sensación insensata, de esta pasión como alguien la definió. Le dicen el más grande. No importa a quien, a River y a él.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Sueño vs Realidad

El jueves 10 de noviembre de 2016 Argentina perdió 3-0 con Brasil de visitante. Tanto Bauza, técnico del equipo nacional por aquel entonces, como los jugadores que integraron dicho encuentro recibieron todo tipo de criticas. Ese día la Selección formó: Romero; Zabaleta, Otamendi, Funes Mori, Mas; Enzo Perez, Biglia, Mascherano; Di Maria, Messi e Higuain.  Escribí una opinión relacionada a ese partido con Brasil (Presos del tiempo) y casi un año y medio después siento que puedo usar las mismas palabras. La nota termina con una mención al tiempo y a que aún se estaba a tiempo de cambiar. A poco menos de tres meses del Mundial, hoy parece algo utópico. 

Analizar y tomar decisiones después de una de las peores derrotas en la historia de la Selección Argentina suena determinante. Después de un resultado de tal magnitud, las opiniones fluyen: desde los que siguen cuestionando la presencia de ciertos nombres con la camiseta albiceleste y los que afirman que con Messi el resultado hubiese sido muy distinto, hasta los que se aferran en el sentimiento y se preguntan quién decidió jugar ahora contra uno de los máximos candidatos a ganar la copa del mundo. Siempre hay algunas dudas en la previa de la lista definitiva, pero en este caso superan las certezas. Si en Brasil 2014 nos aferramos al jugador del Barcelona, hoy Argentina tiene algo de expectativa por tenerlo a él. Es verdad que ese mes del Mundial es distinto, donde el desarrollo parece estimarse, aunque las sorpresas cambian pronósticos y la famosa dinámica de lo impensado tiene su lugar. Pero, ¿alcanza con soñar de esta manera?

Pasaron tres técnicos (Martino, Bauza y Sampaoli) para clasificar en la última fecha de las Eliminatorias. Algunos jugadores con chances de estar entre los 23 debutaron en este encuentro ante España. Sampaoli declaró que "El primer tiempo fue increíble de Argentina, pero 60 minutos no alcanza". No tenemos claro el sistema de juego ni los protagonistas que deberán interpretarlo. En medio de esa suma de incógnitas, el Mundial parece resumirse a la frase que un jugador utilizó después de esa caída con Brasil: "Hay que ganar como sea". El problema es que las palabras pertenecen al único que nos permite soñar con levantar la tan ansiada copa. Un sueño que parece chocar cada vez más con nuestra realidad. ¿Estamos a tiempo de cambiar?  ¿Ganará el sueño o la realidad?  

viernes, 11 de noviembre de 2016

Presos del tiempo

En la previa siempre soñamos con ciertas expectativas. Pensamos escenarios para escribir la historia y anhelamos que aquello que parece imposible sea posible. Pero cuando, una y otra vez, repetimos errores, se enciende una especie de alarma; una advertencia de que si no cambias, si no aceptas esos errores, los resultados van a seguir siendo los mismos. 

Esta reflexión puede aplicarse en cualquier aspecto de la vida, como en este caso en el fútbol. Parece haber quedado muy lejos ese prestigio que generaba la camiseta. El pensamiento de "somos los mejores del mundo" nos fue dejando ciegos, nos fue comiendo por dentro y el presente es un fiel reflejo de ello. El 0-3 con Brasil de ayer (que pudo ser mayor) ya no puede verse como un llamado de atención. Es otra demostración del pedido a gritos del cambio. 

Hace cinco fechas, Brasil era el complicado para clasificar, el que hacia cuentas, el que había llegado a su límite. Aceptó la situación y supo cambiar. Llamativamente en el mismo momento que nosotros imaginamos que este nuevo cambio iba a ser diferente. El problema es que fue más de lo mismo. Más de algo que no puede llamarse cambio. 
No se trata de insultar a estos jugadores. Hacía mucho no peleábamos torneos. Llegamos a tres finales que no pudieron ganar por diferentes circunstancias y como escribí en otros textos, más allá del exitismo que nos acecha, no pueden llamarse fracasos. No llegar al resultado deseado no borra todo aquello positivo que se hizo para alcanzarlo. Si así lo fuera el fin justificaría siempre los medios.  
Pero ya está. Esto es un ejemplo de lo autodestructivos que somos, de como podemos convertir a ídolos en villanos. Obvio que no existe una solución definitiva y sencilla e incluso es probable que clasifiquemos al mundial con lo justo o en repechaje, pero el gran error sería creer que hay que seguir de esta manera. 

Si el martes Argentina le gana a Colombia terminará el año en puestos de clasificación a Rusia 2018. Ojalá que no sea el parámetro para volver a cerrar los ojos. Si ese jugador que parece convertir lo imposible en posible, ese que sabe (y mucho) jugar a la pelota, termina diciendo que hay que ganar como sea, algo estamos haciendo mal. Vivimos presos de un tiempo que sorpresivamente, y a pesar de sus continuos avisos, aún podemos cambiar. 

lunes, 27 de junio de 2016

Realidad autodestructiva

La pelota del primer penal ya pasó por arriba del travesaño. Ambos equipos erraron en el inicio pero ya se percibe el resultado, como si estuviera escrito en los libros de la historia. Los penales no tienen nada que ver con esto igual, son circunstancias de un deporte o la vida misma. Azar para uno, inteligencia para otros. Si no nos equivocáramos, no entenderíamos nada. 
Creo que el análisis, si es que podemos hacer alguno, empieza en el peso que tiene el análisis en sí mismo; las bases sobre las cuales construimos todo esto. ¿Cómo llegamos hasta acá? Tenemos un don para destruir aquello que parece indestructible. ¿Cómo lo hacemos?  Siempre comparando, siempre desde supuestos y desde esa horrible sensación de sentirnos los mejores en todo. Con esas premisas, el resultado parece inevitable. Si querés resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Hablando de la final en sí, podemos tratar de entender el planteo de Martino o buscar explicaciones en situaciones que ya quedan en la historia como las oportunidades de Higuaín, cada una en un contexto diferente pero con el mismo y triste final. Somos especialistas en echar culpas, aún sabiendo que es un pilar de esa autodestrucción. 
Nos esforzamos en transmitir que no sirve nada de lo que hagas, si el resultado no es positivo. Siempre hay cosas para corregir, incluso más con las derrotas, pero cuando se cruza la línea del ganar o fracaso, las chances de perder aumentan. Alguien alguna vez dijo que el fin justifica los medios y vivimos en un país donde esa frase parece ser nuestro lema. El fútbol en sí es un deporte injusto, donde podés ganar con un gol que no existe o un penal por una decisión que le pareció a un juez. El capitán levanta la copa y lo demás ya se olvida. El arte de criticar, disfrutar de la desgracia ajena y pisar al rival. 
Me acuerdo cuando escribí las sensaciones después de haber perdido la final del mundial. La ilusión siempre se renueva porque la necesitamos, buscamos nuevos desafíos y tratamos de alcanzarlos. No somos y nunca seremos perfectos, pero esta realidad autodestructiva, que se ve en este caso en el fútbol a pesar de tener al mejor, está cumpliendo su objetivo (o lo cumplió si jugadores como Messi y Mascherano respetan su decisión de dar por terminada su historia con la selección). Es como si levantar una estatua y rendir un homenaje a los grandes, solo valiese cuando ya no están. Me pregunto si no es demasiado tarde.  

viernes, 21 de agosto de 2015

Que lindo es verte jugar futsal

Fue un sábado a la mañana, allá por el año 2003. Fines de Julio si mal no recuerdo. Pleno invierno pero con clima primaveral. Habías jugado un partido con Bami, esos colores amarillo y negro que aún perduran como la primera vez ante cada oportunidad de representarlos. Fue triunfo jugando de local en la misma cancha donde hoy seguís disfrutando este deporte. Nos acercamos con mamá a felicitarte y segundos después llegó una oportunidad: la posibilidad de jugar en AFA vs Boca, River, San Lorenzo y muchísimos más equipos. Ante la pregunta de cuándo arrancar, la respuesta fue un ya mismo. La 8° División de Hebraica jugaba vs Platense en el gimnasio de la sede de Hacoaj en menos de dos horas. 

Se acercaba el mediodía, recién habías terminado de jugar un partido pero ya estabas pensando en el próximo. Aquel año fue el primero de esos donde jugabas entre 4 y 5 partidos por fin de semana. En tus categorías y en otras también. El único límite era el juez marcando el pitido final, aunque vos siempre buscaras una pelota más. Papá te llevaba a todos lados y ahí estábamos acompañándote.

Llegamos al gimnasio de Hacoaj y todo parecía distinto. Te pusiste otra camiseta, la de Hebraica, por primera vez, pero no fue ningún impedimento para hacer lo que más te gusta: jugar futsal. Esto va mucho más allá de una camiseta. Es quien sos. Tu lugar. Tu espacio. Donde demostrás, hace ya 12 años (10 en Hebraica y 2 en Bami), que la sorpresa nunca termina, que lo imposible no existe y que siempre hay tiempo para escribir un capítulo más en la historia.

Ese día Hebraica ganó 7-1 y gritaste dos goles. Uno de ellos dejando a un rival por el camino y definiendo arriba de izquierda a derecha, como hoy en día seguís haciendo. Me acuerdo la sonrisa que tenías cuando te fuimos a abrazar después del partido. Esas sonrisas genuinas, con valor propio para tallarse en el espacio tiempo. Hoy te veo, como también te ven muchos, representar semana a semana a Hebraica en primera y es como una fuente inagotable de ese tipo de sonrisas, sorpresas, vértigo, tensiones, alegrías, broncas y festejos. Esa mezcla de sensaciones generás dentro de una cancha delimitada por un tamaño reglamentario, pero que superan todo límite por la clase de persona que sos. Al fin y al cabo, no se habla solo de jugadores sino de personas.

Seguramente no hablo solo por mí cuando afirmo que es un lujo verte todos los fines de semana jugando futsal. Tercer torneo consecutivo que llegas a la cima de goleadores, generando una gran cantidad de festejos y gritos de euforia en muchos de los que siempre estamos ahí y los que siguen a Hebraica por otros medios. Pasaron muchos partidos y pasarán más, con triunfos épicos y derrotas que enseñan a valorar las victorias o las actuaciones que no pierden prestigio por un mero resultado, pero si de algo estoy seguro y es que aún restan muchos capítulos por escribir en este deporte que amás, que refleja lo que sos dentro y fuera de la cancha. Que lindo es verte jugar futsal. 

jueves, 6 de agosto de 2015

Piel de gallina

Apenas crucé la puerta de su departamento en aquel antiguo edificio de Vicente Lopez, lo vi sentado en una esas sillas marrones y negras de madera a un costado de la mesa que se agrandaba para ocasiones especiales. Esa mesa que tenía como líneas talladas, que yo siempre recorría con mi mano cuando los visitaba. Una mesa casi vacía, pero ocupada por uno de los objetos más increíbles dentro de las invenciones del hombre. Un objeto particular que ya se había convertido en un tesoro, una reliquia más allá del concepto en si. Nosotros somos quienes creamos ese valor que perdura aún más en el tiempo. Esa tipo de escenas como mi abuelo escuchando la radio permanece en esas pequeñas cajas de recuerdos que construimos en la mente y elegimos cuidar. 

Ante estas situaciones, episodios, capítulos o como quiera llamarlo la historia, se cruzan mil imágenes que solo genera el fútbol. Hay muchas frases hechas y muchos conceptos que rodean este deporte, incluso más en la forma en que nosotros lo vivimos. Muy equivocada en ciertos aspectos, pero apasionada en otros. Creo que es inexplicable para quien no le gusta o no lo entiende, como seguramente será inexplicable para mi entender otras cosas. Tratar de volcarlo en palabras es un desafío. ¿Cómo explicar lo que generan simples colores, la historia de una camiseta o lo que implica transmitir una sensación de gritar un gol como si se fuese de uno? 
Aparecen palabras. Se mezclan, se escuchan, se repiten. Historia, éxito, objetivo, sueño. Se enfrentan a otras más duras como fracaso, tragedia (futbolística), critica. Una montaña rusa de sensaciones que quizás pueden resumirse en la definición del fútbol como la dinámica de lo impensado.

El miércoles 5 de agosto de 2015 escribió su cuota de historia. Podrá hablarse de ese anticipo apocalíptico de fracaso que se leía en diarios o se escuchaba en la tele después de esa noche donde olvidamos que es un juego, que la pelota no quiso entrar y Juan Aurich nos dejó al borde del precipicio. La pregunta es si realmente existió ese precipicio en esta historia. Creo que es difícil entender cuando somos contemporáneos de momentos épicos y solo el tiempo nos deja disfrutarlos más. Es justamente el tiempo quien nos engaña, nos hace creer que pasa a otra velocidad, dentro y fuera de la cancha, como sinónimo de la vida misma.

No hay que olvidarse que es la misma copa que quedará en la historia por esa noche donde se sufrió y tocó fondo, donde perdimos todos y no solo algunos identificados con algunos colores (Rehenes sin memoria) Voy a elegir creer que eso no es fútbol, como Tampoco solo lo es una inmensa felicidad como ayer porque sin la derrotas no entenderíamos lo que significan las victorias.

Pero ya me desvié mucho de lo que quería escribir. River ganó la Copa Libertadores. Se rompen récords, se gritan goles que serán eternos, se comparten momentos únicos que la lluvia de ayer pintó aún mejor dentro del cuadro de los recuerdos. 
Más allá de cualquier palabra que hoy pueda escuchar o leer o ver la repetición de los goles una y otra vez, de una cosa no tengo dudas. Seguro ayer, donde quiera que él haya estado con su radio escuchando el partido, también sintió y compartió lo que significa tener la piel de gallina. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Rehenes sin memoria

Estamos acostumbrados a opinar. Somos parte de una sociedad que ante cualquier hecho, más allá del contexto, siente la necesidad de hacerse escuchar. Podemos encontrar análisis objetivos de aquello que pasó, pero el tinte de opinión hace que la subjetividad prevalezca. Es claro que no hay una verdad absoluta, pero terminamos siendo especialistas en girar la dirección de la mirada y hacer oídos sordos. 
Lo de ayer fue un fiel reflejo de todo esto. Supera las camisetas y los colores, va más allá de una rivalidad. A la mañana nos enteramos que falleció Emanuel Ortega, jugador de 21 años de San Martín de Burzaco, después del choque contra una pared a un costado de la cancha. Si, una pared. Después de luchar 11 días por su vida, el final fue el que nadie deseaba. Desde AFA suspendieron todo la fecha del fin de semana para adherirse al dolor de la familia. 
Ni siquiera pasaron 24 horas y el centro de atención se vio obligado a cambiar. Somos rehenes sin memoria. Tienen que pasar estos extremos y ni siquiera logramos entender. Actuamos con los hechos consumados. "No va  pasar nada" y así seguimos adelante. Ya no hablo del deporte en sí con esa frase, sino que sobran ejemplos para afirmarlo. 
Lo de ayer acumula motivos para explicar lo desvirtuados que están los valores, que suelen ser el espejismo de la propia sociedad. Vivimos en el mismo mundo donde hace dos días, el Real Madrid quedó afuera de la semifinal de la Champions League (torneo que suele compararse con la Libertadores de manera ingenua y sin fundamentos) con la Juventus, jugando de local y teniendo la posibilidad de jugar una final épica con el Barcelona, su eterno rival. Aún quedándose afuera, aplaudieron a Pirlo, figura del conjunto italiano, y los propios jugadores del Real Madrid aceptaron la derrota. En el mismo mundo donde la NBA, que más allá del show que genera, es una demostración de los valores de un deporte. Soy consciente que es imposible comparar y la salida fácil es aislarnos de todos y creernos los mejores, como si fuésemos más vivos que el resto. Esa estúpida frase de la "viveza criolla" como razón para justificar cualquiera de nuestros medios. Es triste escribirlo, pero terminamos siendo víctimas de aquello que creamos. 
Me acuerdo de mi abuelo escuchando por la radio los partidos de River, de sus comentarios y su visión de este juego que tanto nos apasiona. Hoy lo único que importa es ganar, enterrar al rival y estigmatizar la derrota como el peor de los males. Claro que existen los hinchas que no tienen nada que ver con quienes obligaron a suspender el partido ayer. El partido que vale ya lo perdimos hace rato. 
Podría seguir escribiendo, pero a veces los hechos superan las palabras. Solo me faltó usar una palabra en particular, una palabra que tendría que haberse repetido miles de veces en los diarios de hoy, pero como real protagonista. Esto supuestamente era un partido de ese deporte. ¿Esto era fútbol, no?

miércoles, 13 de mayo de 2015

Una feria, mil historias

Una mujer de unos 65 años, de pelo corto y arreglado, teje con una bola de lana rosa a una velocidad justa para controlar cada detalle. No está apurada, sino concentrada en el primer asiento de la fila de la izquierda en el colectivo de la línea 24. Son las 9:35 de la mañana de un lunes, pero para ella en este preciso momento, el tiempo es relativo. El viaje es una pausa temporal mientras su mente sonríe y su corazón se llena de algo que ama. No importa que pasará después, cuando su día continúe y llegue a su destino del viaje. La veracidad y el sentimiento de eso que ella eligió supera a cualquiera de esos "problemas" que a veces nos rodean. Quizás lo que está tejiendo es para uno de sus nietos, quizás solo es un pasatiempo que la ayuda a viajar mejor, quizás le está haciendo un favor a alguien. La razón definitiva no es relevante para el caso.
  
La analogía con la experiencia del sábado en al Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es una buena forma de intentar explicar las diversas sensaciones (simplemente un mero intento porque es imposible alcanzar la literalidad en ese mundo). La primera hora en el stand de Dunken escribió otro capítulo donde la firma a lectores fue protagonista, ese momento gratificante donde uno puede compartir el espacio con los amantes de los libros. Familiares y amigos acompañaron (Gracias a cada uno de los que estuvieron ahí. No existe algo más importante para mí que ese espacio y por eso valoro mucho a los que pudieron venir), además de un acercamiento a nuevos lectores, que intrigados por esa curiosidad que despiertan historias desconocidas preguntaban sobre la trama de Castillos de Arena. Cada firma selló un momento único y abrió las puertas a una futura lectura de la novela.

Pero esa hora no fue la única en la 41° edición de la Feria. Apenas un rato después llegó el momento de participar de la primera Convención Blogger Argentina en la sala Francisco Gabilondo Soler. Un espacio creado por los mismos Bloggers, amantes de la lectura, que nos ayudan día a día a difundir nuestras obras nacionales alcanzando nuevas fronteras y superando límites nunca antes imaginados. A veces nos preguntamos si realmente somos capaces de lograr cierta meta. En este caso, ellos no solo interpretaron ese objetivo sino que respondieron esa pregunta con hechos al unir historias. Es raro como la vida misma te va cruzando con personas que quizás pasan desapercibidas y son solo una circunstancia o, por el contrario, más allá de un pequeño momento compartido, su valor perdura en la memoria.

La charla tuvo su presentación, su sorpresa con dibujos de los libros de cada escritor y preguntas de los Bloggers y del público. Cami Lorusso, Cami Hache, Vero Navas, Anto Tilio, Sofi Deniz, Agus Cornejo, Luz Rubini, Celes Cao, Facu Tedesco y Diana Dincau (a pesar de no haber estado presente fue muy importante para mi participación), más todos los Bloggers que participaron del evento (Perdón si me olvido algún nombre),  gracias por invitarnos a formar parte de esto, demostrando el valor que sienten por la literatura nacional. 


Párrafo aparte para los otros cinco autores con quienes compartí el escenario. Anna Franco, Danny Suarez, Agostina Ortega, Na Praiack y Javier del Ponte. No hay dudas que nos volveremos a cruzar por compartir este raro, enorme e increíble mundo de letras.

No existe  ningún mapa del tesoro con una cruz roja mostrando el camino. Es difícil, complejo, genera incertidumbre y construye expectativas. Si ese mapa existiera, alcanzar el objetivo no tendría un peso similar. Un resultado puede ser excelente pero el camino hacia él produce otro significado y marca una diferencia.

La sonrisa de quien reciba aquel regalo tejido con sus propias manos dejará en claro el valor de ese trayecto recorrido, incluso si la sonrisa es de su propia creadora. Pasó una nueva Feria del Libro, con nuevas experiencias e historias. La conclusión reafirma el sentimiento: no hay versión mas real que hacer aquello que amás y tener la oportunidad de compartirlo. Una feria, mil historias. 

viernes, 6 de marzo de 2015

3 años de Espejos Mentales

Si falta caemos en la sencilla excusa sobre él y si sobra sentimos que lo estamos desperdiciando. De una forma u otra, termina siendo quizás lo más relativo a nuestro alrededor. Si hablamos de días es poco, pero con la palabra años parece mucho. ¿Según quién? ¿Alguien definió la magnitud o importancia según un hecho? 
Pensamos que es eterno, pero está lejos de aquel infinito que no conocemos. Depende de lo que vemos o elegimos ver. Esa extraña forma de darle una razón a nuestras acciones, cuando las preguntas que valen tendrían que empezar con el interrogante si el hoy está dentro de lo que queremos ser mañana. 
Están las fechas que nos quedan a la fuerza, que se graban sin avisar y que nos hacen recordar el poder de la memoria. Y están esas fechas que elegimos, que se convierten en un punto de inflexión y que nos afirman que somos sinceros con nosotros mismos. 
Hoy se cumplen 3 años de ese lluvioso día de Marzo, el día que significó ese punto de inflexión con la publicación de mi primera novela, Espejos Mentales. El día donde confirmé aún más lo gratificante que es hacer lo que realmente querés. 
¿3 años? ¿Tanto? ¿Ya? ¿Recién? ¡Parece más! Todas las preguntas o exclamaciones son válidas porque terminan siendo según cada punto de vista. Ese día abracé a alguien que hoy ya no está, que hace una semana cumplió sus dos años de ausencia física, pero que sin dudas no necesita de una antigüedad o un número para explicar lo que fue y seguirá siendo. 
El abrazo se siente como ayer. 
El libro sigue en mi biblioteca hoy. 
El paso de los días seguirá aumentando su valor mañana. 
El tiempo es relativo. 
3 años de Espejos Mentales. 

martes, 21 de octubre de 2014

Pasajeros de múltiples destinos

Me siento en el último lugar a la izquierda de la fila de cinco asientos. Saco mi cuaderno y levanto la mirada. Son las nueve y diez de la mañana del miércoles 6 de agosto de 2014.

El hombre del primer asiento individual en la parte izquierda del colectivo lee un ejemplar de Game of Thrones. Otro mira atentamente una especie de cuaderno con partituras. La mujer que usa sandalias enfrenta los 7 grados a pesar de tener sus pies al aire libre. Delante mío un hombre tiene unos extraños auriculares con los que escucha música o la radio. Me inclino más por la segunda opción por su cara de preocupación. La música se elige, las noticias no.
El chófer muestra signos de asesino serial, con sus anteojos grandes y viejos, sus hombros levantados y su cuerpo encorvado hacia delante. Acelera en varias oportunidades a pesar de que podría evitarlo.
Otra mujer saca un libro, aunque no llego a ver cuál es desde mi lugar. Sube una mujer de rasgos orientales que opta por el primer asiento del colectivo. Otra, que sube detrás de ella, se acomoda a su lado sin conocerse. La tercera en subir camina hacia atrás donde permanece parada a pesar de los asientos libres mirando en dirección opuesta al chófer. Lleva el pelo planchado, una campera de cuero y los labios recién pintados.
Un hombre le da una última pitada a su cigarrillo antes de tirarlo al suelo y subir. Otro ocupa aquel lugar que la mujer de campera de cuero dejó libre. Lleva una nena de unos dos años en sus brazos. El chófer acelera y llega rápido a la siguiente parada. Sube una mujer con una botella de levite de pomelo en ese bolsillo externo de red que tiene su mochila. También sube otra mujer extremadamente maquillada, con auriculares blancos, pelo largo, saco negro y botas largas. Tiene una expresión preocupada, mueve su cuello hacia ambos lados con el clásico gesto para intentar sacar ese molesto dolor cervical.
El colectivo comienza a llenarse. Una mujer logra llegar hasta el final, se mantiene de pie sosteniéndose con su mano derecha del caño amarillo y cuelga un bolso marrón en el codo de la mano izquierda mientras la usa para escribir algo en su celular. La mayoría de las ventanas siguen cerradas, a pesar de la acumulación de pasajeros. La nena de dos años se apoya en el hombro y duerme. Una mujer de unos 40 años pide permiso, mientras no puede dejar de mascar un chicle de manera furiosa.
Empieza a aparecer el tráfico a medida que el colectivo se acerca al centro. Varios bajan, otros suben. Un hombre de anteojos con marco negro se queda parado adelante, cerca del asiento del papá con la nena. Otro llega hasta la puerta de atrás con esos auriculares gigantes colgados en el cuello y una mujer consigue también alcanzar ese lugar, casi trastabillando por los frenos del chófer con cara de asesino serial. Lleva un bolso multicolor que sirve para contrarrestar  el día gris. Está escuchando música por como tararea un tema.
Los últimos que suben miran para atrás, pero no encuentra forma de pasar. Una mujer, que ya llevaba casi media hora sentada adelante, saca un libro de tapa roja y letras amarillas en su sinopsis. Tres personas leyendo a la vez arriba de un mismo colectivo no suelen verse todos los días. La mujer del chicle sigue masticándolo como si fuera la última vez en su vida.
La calle da la sensación de tener más autos que personas. El papá y la nena bajan por la puerta de adelante. Llegan dos mujeres pidiendo permiso para bajar. En la esquina de Medrano entra un poco del humo negro de otro colectivo y varios tosen en forma simultanea.
Otra mujer que recién sube tiene un kindle en la mano. Me quedan solo tres paradas antes de terminar el viaje. Se escuchan muchas bocinas y algunas quejas como sus inmediatas consecuencias. La mujer del kindle se sienta mirando hacia atrás y enfrenta cara a cara a la del libro de tapa roja. Un duelo en vivo y en directo entre lo que fuimos y algunos quieren ser.
Me queda una sola parada antes de bajar. La mujer del bolso multicolor encuentra lugar y se lanza hacia él como un vaso de agua en pleno desierto. Otro hombre insulta al aire con gestos de haber perdido la paciencia. Me paro para alcanzar la puerta de atrás y cuando piso la vereda sigo al 24 con la mirada mientras se aleja por la Avenida Corrientes. Durante poco más de 50 minutos dejamos de ser desconocidos para convertirnos en pasajeros de múltiples destinos. 

martes, 30 de septiembre de 2014

Cartas suicidas - Capítulo 2

Hoja A4. Lisa, doblada en cuatro. Escritura a mano. Letra cursiva. Birome roja.

Un paso 
"Explicar los motivos por los cuales decidí esto sería una pérdida de tiempo. A veces la imperiosa necesidad de cambiar ciertas palabras nos lleva a tomar decisiones irracionales y sin sentido para algunos, pero indicadas para otros. ¿Acaso alguien definió el cómo pensar? Las respuestas a las preguntas que vas a plantearte son más sencillas de lo que parecen. No me fue difícil elegir el medio. Un simple salto desde un espacio reconocido será más que suficiente. Cuando llegués en tu horario habitual de las 11 de la noche vas a encontrarme a un lado de la puerta. La herencia es tuya. Ojalá puedas entender el contexto que me llevó a esto. Tampoco iba a convertirte en mi víctima por el color de la pulsera. Pensé varias otras salidas pero como siempre coincidimos: en la simpleza está la complejidad"

Leé el Capítulo 1

lunes, 14 de julio de 2014

El día después de la final

Lunes a la mañana después de haber jugado una final del mundo. Me tomo el 24 como todos los días. Hay caras largas, como si nos faltara algo que sentíamos nuestro. Ante la inmensidad de opiniones, criticas, comentarios, demostraciones de lo que somos como sociedad y sensaciones que recorren el cuerpo, la mente y el corazón, sentí la necesidad de escribir algunas palabras, a pesar de que tienen un peso especial mientras van apareciendo. 

Lo primero que me salió escribir ayer fue el hecho de que resulta sencillo criticar y echar culpas cuando no se alcanza el objetivo final, aún sabiendo que se hicieron las cosas bien. Somos una sociedad a la cual le gusta opinar de lo que sea, que se deja llevar por la situación sin medir las consecuencias, más allá de conocer o no el tema sobre el cual se está hablando. Los mundiales son un ejemplo claro de esto por el ambiente que se genera, las ilusiones que se renuevan y el sentimiento de unión que durante un mes tiene el poder de opacar otras noticias. Desde que empezamos a hablar del sorteo (sin dudas y sin desprestigiar rivales, quizás el más sencillo que le tocó a Argentina en los últimos tiempos) hasta la imagen de miradas perdidas de los jugadores esperando recibir su medalla de plata ayer. Una medalla que hacia rato no alcanzábamos. No se explica, sino que simplemente se siente. 

Apenas terminó el partido, todos empezamos a escribir y volcar sensaciones únicas y muy personales de lo que estábamos viviendo. Desde el lugar pasional desde el cual vivimos, más aún cuando se refiere a cosas como este deporte, nos resulta inevitable expresarnos. Soy de los que cree que del dolor se forman las personas, se saca lo mejor de uno mismo con el tiempo y se entiende hacia dónde se quiere llegar. Si solo fuéramos felices ni siquiera sabríamos lo que eso significa.  

El sueño de ser campeones del mundo ya suena enorme con solo escribirlo. Como escribí el viernes antes de jugar la final, ayer fue la primera que viví con verdadero uso de razón (tenía solo 5 años en la final del 90) y apenas fue la 5° que jugó Argentina en 84 años de historia de los mundiales. Los números a veces nos ayudan a entender la magnitud de algunos logros. 
Hablando estrictamente de lo fútbolistico, creo que se hicieron las cosas muy bien contra el mejor equipo del momento, que hace rato llegaba a semifinales y trabajaba para esto. Tuvimos las situaciones para sumar una nueva estrella, pero fallamos en ese toque final que a veces cambia la historia. Todos sentimos el golpe del gol a solo 6 minutos de terminar el segundo tiempo del alargue. Lo primero que se nos cruzó por la cabeza es nos robaron la ilusión y lo que parecía felicidad se transformó en tristeza. Gritamos el gol de Higuaín por la decisión de seguirlo por parte de quién manejaba las cámaras aún sabiendo que había parecido offside en el momento en el cual sale el pase. Sentimos el cansancio cuando terminaron los 90 y había que jugar otro alargue. Cuestionamos los cambios de Sabella. Buscamos entender cómo no terminaron en gol esas jugadas tan claras que en una final no se pueden fallar.

Y de repente, terminó. Como todas las cosas felices que vivimos durante nuestras vidas, se haya o no llegado al resultado deseado.  Mantuvimos la esperanza hasta la última pelota en el minuto 122 con un tiro libre al borde del área en la final del mundial. Ni el más optimista podría haber pronosticado la escena. Quienes no conocían a Mascherano, hoy saben lo que es. Quienes hablan de fracaso o critican a ciertos jugadores, respeto sus opiniones, pero no las comparto porque no todos los días se llega a una instancia así. El resultado final no borra lo que ya se escribió. Momentos como el que viví con mis hermanos en los penales con Holanda ya no se olvidan más y son de los que uno elige guardar. 

Vivimos en un país raro, diferente e inexplicable en muchos aspectos. Ayer a la noche canal 9 pasaba imágenes resumiendo el mundial, en Telefe cocinaban con MasterChef, en Tv Pública Maradona analizaba el partido y en Canal 13 parecía el fin del mundo con una escena repetida en el obelisco, que si pondrían imágenes de archivo sería lo mismo. Creo que el mayor problema es que aún no podemos reconocerlo, que nos parece tan normal que no logramos definir su magnitud. Podemos intentar analizarlo, pero siempre se llegará al peligroso límite del "somos así"; como si fuera terminantemente prohibido cruzarlo. 

Terminó el mundial. Terminó ese mes mágico, que tanto para los que amamos el fútbol como para los que no, resulta lleno de sensaciones y esperamos tanto durante 4 años. Nos costó 24 volver a alcanzarla, la jugamos, la vivimos y la sufrimos. Siento que ganamos mucho más de lo que perdimos en este día tan extraño, como lo fue durante el antes y como lo será de ahora en más. 
El día después de la final.

viernes, 11 de julio de 2014

"Estamos en la final"

"Estamos en la final" quizás fue una de las frases más repetidas entre nosotros, segundos después de que Maxi Rodriguez terminara de convertir en realidad el sueño de todos. Estamos exhaustos, como si hubiésemos jugado bajo la lluvia una semifinal de copa del mundo frente a Holanda. Nos miramos con quien tenemos a lado, después del abrazo incondicional y espontaneo  que nos genera el hecho de compartir esta pasión, esta felicidad que nos invade y que nos une a pesar de no existir palabras para explicarla; esa que solo sabemos que existe. 

Los corazones ya no vuelven a la normalidad sino que crean un espacio nuevo para guardar entre esos momentos que perdurarán para siempre; esos que uno arranca contando: "Te acordás cuando..." y ahí empieza la lista de imágenes, de secuencias, de escenas que nos llevaron a estar en el último escalón para alcanzar la gloria eterna. 
Corazones que se llenaron de expectativas, quizás en menor medida, en la previa del mundial.  
Corazones que empezaron a sentir donde estaban con el 2-1 a Bosnia, más allá de los cuestionamientos acerca del planteo utilizado ante un rival que vivió su debut mundialista. 
Corazones que estallaron  en un grito desaforado con el gol de Messi para quebrar la defensa de Irán en el epílogo del partido. 
Corazones que vivieron el ida y vuelta con Nigeria para terminar primeros en el grupo.  
Corazones que conocieron nuevos límites y desafíos con la definición de Di Maria a dos minutos de los penales ante Suiza y  esa jugada que pasó inadvertida en un comienzo, pero que nos asustó aún más en la repetición con el palo y el rebote en el jugador suizo. 
Corazones que recuperaron confianza en los primeros minutos de los cuartos de final frente a Bélgica con el gol del pipita Higuaín. 
Corazones que trabajaron mucho con Holanda en una instancia desconocida para muchos, donde el concepto de equipo más necesitaba. Desde el épico corte del capitán de este barco más allá de no tener la cinta, el inexplicable Mascherano, hasta las atajadas de Romero en los penales, como si nos dieran la posibilidad de revivir la alegría y la revolución que Goyco generó en el mundial de Italia 90. 

En el 86 solo tenía un año y no tengo recuerdos del 90, donde apenas tenía 5. Aparecen flashes del 94 y esa historia de la cual todos conocemos su final. Empezaba la secundaria en el 98 y esa desilusión que no dio a tiempo a reaccionar con el gol de Bergkamp y la derrota en cuartos de final se recordó en este presente desde el instante en el cual se conoció el rival de semifinales de este mundial. En el 2002 la expectativa era muy grande. Recuerdo escuchar la palabra candidato infinidad de veces, pero caímos en el famoso grupo de la muerte y quedamos afuera habiendo recibido un gol de penal y otro de tiro libre, más allá del gran técnico que teníamos. En el 2006, con una renovación de jugadores, gritamos con el alma el gol de Maxi Rodriguez a México y sufrimos como nunca en los penales con Alemania. En el 2010 renovamos las esperanzas pero chocamos con la realidad nuevamente en cuartos de final  ante el mismo rival. Hoy estamos a punto de vivir lo que significa una final. El desempate, si así puede titularse, por ya haberse enfrentado a Alemania en dos finales del mundo. 

Bajo esa magia que tienen los mundiales para dejarnos viajar en nuestra memoria y experimentar aquello que nos va marcando durante la vida, crecemos en esta línea imaginaria que escribe historia cada cuatro años, que nos ayuda a entender dónde estamos y dónde queremos llegar. 
Son sueños. 
Son lágrimas de alegría, de bronca y de aprendizaje. 
Son desahogos. 
Son abrazos incondicionales. 
Son nuestros ojos.
Son quienes nos representan. 
Somos todos. 
Somos Argentina. 
Estamos en la final. 

lunes, 7 de julio de 2014

Cartas Suicidas - Capítulo 1

Hoja blanca, con renglones de finas líneas azules, doblada a la mitad para que entrase en un sobre. Tamaño 160 x 210 mm. Birome azul. Escritura a mano. Letra imprenta.


En la simpleza está la complejidad
“Resulta complejo el solo hecho de empezar a escribir esta carta. En ese camino imaginario de posibles alternativas, esta salida implicaba la última. Me pregunto por donde comenzarán las personas que toman este camino. Imagino aquellas de mente fría, capaces de planificar hasta estos pasos. También seguramente están los más espontáneos, de poca paciencia, ansiosos por llevar adelante la idea y llegar al otro lado, como suele escucharse. Quizás el pensar que mientras estás leyendo estas palabras, la decisión ya está tomada y voy hacia ese otro lugar, le da un valor adicional, como todo lo que parece generar el concepto abstracto de la muerte. Mentiría si no escribiera las veces que dudé antes de tomar la decisión definitiva. Si fuera tan sencillo, el número de personas que optaría por esta salida sería mucho mayor. Lo que cuesta vale, dicen algunos. No puedo afirmarte eso, pero quiero creer que es así. Se que también estás pensando porque tanta planificación frente a la inmensidad de maneras que existen hoy en día para llevar adelante el acto. La respuesta a ese planteo es sencilla y tiene que ver con un momento especifico (de control te diría) para que esta carta llegase a tus manos cuando corresponda según mis estimaciones. Son aproximadamente las 22:15 y estás sentada en la antigua silla a un costado de la puerta, por el impacto que te generó encontrar la carta. Si es así, te pido que camines hasta el pequeño balcón donde compartimos tanto a pesar de su ínfimo espacio para dos personas. Seguro el frío va a cambiar el color de tus mejillas y tus ojos van a mezclar lágrimas con el clima helado que trae el viento. Más allá de eso, cuando levantes la cabeza, tu mirada va a seguir mi cuerpo al dejarse caer para cumplir estas palabras. Es tiempo de dar el salto para evitar dejarte en una posición inevitable por el color de tu pulsera. En la simpleza está la complejidad”

Leé el Capítulo 2

jueves, 8 de mayo de 2014

Un día para la presentación de Castillos de Arena: Las sombras de los sueños cumplidos.

La sombra sobre la arena.
La sombra ante un espejo.
La gran sombra de un auto en una autopista vacía.
La sombra que genera el encuentro de dos cuerpos compartiendo un instante.
La sombra del miedo ante una decisión inevitable.
La sombra que deja un familiar cuando la tierra cubre ese espacio que ya no abandonará físicamente.
La sombra de una injusticia que parece consumirnos por dentro.
La sombra de la opresión que implica un cambio revolucionario.
La sombra de un castillo construido con nuestras manos.
La sombra de un impulso que puede romper un prejuicio.
La sombra de un viaje real o imaginario.
La sombra de la lucha constante que acorrala el cumplimiento de un objetivo.
La pequeña sombra de un bebé dando sus primeros pasos.
La sombra del efecto narcisista de los amantes del poder.
La sombra de lo que queremos ver pero a veces no siempre logramos creer.
La sombra del bastón que nos mantiene de pie en los últimos años de vida.
La sombra del agua cayendo a través de una cascada
La sombra de una cama vacía y un médico con mirada perdida.
La sombra de dos manos unidas en una sola dirección.
La sombra de un disparo en forma de defensa.
La sombra de un puño que busca someter y olvida la igualdad de derechos.
La sombra del sacrificio por cumplir una promesa.
La sombra de un enemigo que nos acecha.   
La sombra del éxito después de haber conocido la cima de una montaña.
La sombra del fracaso y su tendencia a opacar el verdadero esfuerzo realizado.
La sombra momentánea de la felicidad o la tristeza, aún sabiendo que son pasajeras.
La sombra que nos acompaña todos los días.
  

¿Cuánto vale una sombra? En realidad, el poder que tiene va mucho más allá de eso que vemos cuando el sol o la luz impacta sobre nosotros o sobre alguna especie de material. Una sombra es una llave que funciona para entender eso que creemos que nos rodea y a veces no es otra cosa que el mismo peso del cual nos debemos desprender. La sombra puede ser propia o puede tratarse de la materialización de una decisión que de no llevarla adelante termina convirtiéndose en una de esas anclas tan pesadas que pueden dejarnos en el fondo de un enorme y profundo océano. La pregunta que se genera es cómo entender que las sombras no pueden manejarse, sino que están ahí, con la capacidad de desbalancearnos de la noche a la mañana. La solución, sin embargo, no es otra cosa que el movimiento. ¿Quién dijo que dar un paso hacia atrás no resulta positivo? Ese mismo paso puede ser la clave para olvidar esa sombra y avanzar hacia otro destino, incluso con otras armas en caso de tener que enfrentarla nuevamente.
Las sombras forman parte de nuestras vidas, aún en los casos en donde no somos capaces de verlas. Tener los ojos abiertos no implica la acción de mirar. A veces es cuestión de cambiar la perspectiva para hallar ese otro punto de vista que nos deja crecer y encontrar las sombras de nuestra realidad, esas que nos dejan entender lo que tuvimos, lo que aún tenemos y lo que proyectamos tener. Las sombras del ayer, del hoy y del mañana. Las sombras de los sueños cumplidos.

1 día para sumar una nueva sombra por un sueño cumplido.  
1 día para la presentación de mi segunda novela. 
1 día para Castillos de Arena. 

lunes, 31 de marzo de 2014

La construcción de "Castillos de Arena"

Frenar después de avanzar un largo camino funciona como la acción necesaria para entender el espacio donde estamos parados. Existe una imperativa división que define el trayecto recorrido y me refiero a aquello que queremos vivir, no a lo que tenemos que padecer por diferentes motivos. Esos momentos que si elegimos son los que nos hacen sonreír y nos brindan las razones por las cuales seguir, si puede denominarse de esa manera. 

Después de publicar "Espejos Mentales", mi primer paso dentro del mundo literario, apenas pasaron un par de semanas hasta empezar a construir una nueva historia. Es una acción que no necesita de análisis ni razonamientos que impongan una decisión, sino simplemente hacer lo que a uno realmente le gusta más allá de esas responsabilidades que suelen titularse como más importantes, a pesar de no acercarse ni un poco a serlo realmente. 

Así fue que después de algunos días en los cuales volqué ideas lejanas en el papel, opté por una de las tantas historias que formaron parte de mi crecimiento como persona y como escritor. Allá por el año 2003, cuando terminé de escribirla con 18 años, soñé que llegaría a publicarse como libro. Once años más tarde y con infinidad de ríos que cruzaron abajo de miles de puentes, ese momento está por materializarse. 

Pero no saltemos hacia el final sin antes conocer cómo se llegó a ese punto; al fin y al cabo somos lo que aprendemos de nuestro pasado. Después de releer la historia, en abril de 2012, empecé a reescribirla hasta que en Agosto llegó la idea que se convertiría en el eje central de la novela.  

Pensé en llegar para la Feria del Libro de 2013, pero el desarrollo de los personajes centrales de la historia necesitaba de más tiempo. Visité a mi familia que vive en Chile en Febrero de 2013, sin perder de vista el cuaderno para seguir la novela. No importa el contexto en el cual te encuentres, sea de felicidad, tristeza o indiferencia, cuando se trata de esa tranquilidad en el alma que implica hacer lo que amás. 

Apenas 5 días después de haber regresado a la realidad de horarios y responsabilidades, una noticia inesperada, de esas que no avisan ni piden permiso, obligó a adaptarse a nuevas condiciones de vida. Supuestamente era una operación sin mayores riesgos, pero volcar más palabras de las que ya se escribieron y se dijeron, no tiene sentido. Lo único concreto es que ella ya no está presente físicamente. Mi abuela tenía uno de esos espíritus de alegría, de los que suelen transmitirla a su alrededor. como el mayor de sus 9 nietos tengo una inmensa cantidad de recuerdos que fueron (y seguirán siendo) parte de lo que soy hoy y quiero ser mañana. 
Fueron semanas difíciles, donde todo costó mucho más, donde las palabras parecieron haber desaparecido y las hojas de mis viajes en colectivo se mantuvieron en blanco. Más allá del dolor inevitable, fue la novela quien me ayudó a recordar la imperiosa capacidad que tenemos de adaptarnos a un nuevo entorno cuando nos vemos obligados a ello, obviamente sin caer en el acto del olvido. 

El contacto con la muerte me llevó a volcar en palabras dentro de la historia lo que estaba sintiendo y así los renglones volvieron a llenarse sin perder de vista el objetivo. Toda novela de ficción  esconde partes de la memoria de su escritor entre las palabras que elige para contar un relato. 

Volvieron las responsabilidades, con claras intenciones de robar más tiempo aún, pero la historia ya tenía un ritmo que no podía abandonar. En 3 renglones con una frase o varias hojas por capítulos enteros, escribí prácticamente todos los días del año.  A medida que avanzaba, empezaba a sentir que se acercaba el final. Varias personas me preguntaban ¿para cuando la segunda novela? Mi respuesta era siempre la misma, teniendo en cuenta un posible límite que me había puesto: la próxima Feria del Libro. Quizás no se trata de un espacio que puede explicarse hacia un otro, pero ocupa un lugar invaluable en mi memoria desde la primera vez que la conocí. El poder de esos recuerdos que no pierden ni cambian por nada del mundo son los que sobreviven a los intentos del entorno por eliminarlos. 

El 2013 terminó y ese primer segundo del nuevo año acompañó mi mayor deseo. Durante Enero llegó el posible final de una larga historia que repasé en gran parte en las playas de Miramar, otro de los espacios con un poder indescriptible a nivel personal. Después de la corrección general fue momento de registrarlo en la Dirección Nacional del Derecho de Autor, para luego presentar todo en la editorial. Con la tapa casi finalizada y los últimos retoques en cuanto a palabras dentro de la historia, "Castillos de Arena" quedó terminada para mandar a su edición. 

Marzo tuvo mucho movimiento en cuanto a la comunicación con la editorial hasta firmar de forma definitiva la tapa y el interior de la novela. Ahora solo queda esperar que suene el teléfono para escuchar la confirmación y retirar los libros. Ese instante donde por primera vez y para siempre, las manos tocarán la historia que reflejan las páginas y los ojos recorrerán las palabras que identifican como único a "Castillos de Arena". Más adelante llegará el tiempo de la presentación al mundo y la participación en una nueva Feria del Libro como escritor. 

En medio de esa larga lista de acciones que parecen obligarnos a vivir cada día, existe al menos una del otro lado de la balanza con el poder de mostrar una lucha incesante para encontrar el camino que queremos. A veces requieren de más tiempo, implican un extenso camino hasta alcanzarlos e incluso parecen desaparecer en más de una oportunidad, pero la suma de todos esos puntos afirman todavía más que a pesar de que pueden nacer con nosotros o aparecer en ciertos momentos de nuestras vidas, siempre se llegará a la conclusión de que los sueños se construyen antes de ser realidad. 

Viernes 9 de mayo: Presentación de "Castillos de Arena"
Domingo 11 de mayo: Participación en la 40° Feria del Libro.